La transformación del profesor: de ponente a guía digital

Se ha hablado mucho sobre la transformación de la labor docente: Desde el punto de vista conceptual, se menciona un cambio de perspectiva, de forma que el profesor deja de ser quien imparte el conocimiento en una charla magistral en el aula,  a ser quien guía a sus alumnos en un proceso de aprendizaje activo.

Bien, pero esto, que en principio parece fácil de comprender, ¿cómo se lleva a la práctica en el día a día? Vamos a verlo:

El primer paso que debe dar un profesor que desea transformar las dinámicas y la metodología que tiene lugar en el aula es plantearse lo evidente: ¿Cuáles son los objetivos de aprendizaje de la asignatura? Aunque esto parece una obviedad, cuando ponemos el foco en la digitalización de contenidos o en la innovación de los métodos de enseñanza, caemos en el riesgo de dejar los objetivos en segundo plano, de modo que acaban por difuminarse entre los artificios de la tecnología.

Al definir esos objetivos de aprendizaje, no sólo hay que centrarse en qué conocimientos o contenidos debe conocer el alumno. Ahora, el conocimiento se convierte en una herramienta para que la persona adquiera habilidades, desarrolle competencias y aplique su talento en la práctica. Por ejemplo,  en una clase de Historia, el conocimiento de los acontecimientos no es el único objetivo a perseguir; debemos incluir el pensamiento crítico, el análisis de situaciones, la evaluación de futuribles, la toma de decisiones, la elaboración y puesta en marcha de estrategias o la resolución de problemas, empleando las situaciones de la Historia como escenarios para que el alumno desarrolle estas habilidades.

Por tanto, la pregunta a resolver es: ¿Qué habilidades, capacidades y talentos puede desarrollar mi alumno a través de los contenidos de la asignatura?

Una segunda cuestión muy importante es la de conocer a nuestro alumnado. Pocas veces los centros facilitan al profesor información previa sobre las personas a las que va a enseñar, dado el temor a incumplir la legislación vigente referida a la protección de los derechos del menor o la ley de protección de datos.

Sin embargo, hay mucha información útil para el docente (como el nivel de conocimientos previo, los estilos de aprendizaje o el mapa de inteligencias múltiples de cada alumno) que sin duda facilitarán mucho su trabajo a la hora de elaborar un currículo adaptado a las necesidades reales de sus alumnos. Es el centro quien debe facilitar estos datos, bien a través de evaluaciones a los estudiantes, realizadas en años anteriores, o bien a través de tests completados con su consentimiento o el de sus mayores. Aquí es importante no adquirir sesgos transmitidos por los docentes de años anteriores sobre los estudiantes (tanto los positivos como los negativos).

Una vez resueltas estas cuestiones (objetivos, competencias y perfil del alumnado), pasaremos a definir cómo enseñamos. En este punto intervienen las nuevas metodologías de aprendizaje: la clase invertida (flipped classroom), aprender haciendo (learning by doing), aprendizaje basado en proyectos (project based learning), aprendizaje basado en problemas (problem based learning), gamificación (gamification), pensamiento de diseño (design thinking), pensamiento visual (visual thinking), aprendizaje personalizado (personalized learning), etc.

Estas técnicas pueden aplicarse por separado o combinadas. Aunque es conveniente conocerlas todas, su elección dependerá de los factores anteriores: lo que necesitamos que aprenda el alumno, cómo es nuestro alumno y cómo queremos que llegue a ser.

Cualquiera de las técnicas anteriores requiere de un planteamiento de la clase muy diferente al tradicional: El profesor deja de ser el portavoz del contenido, para convertirse en la persona que guía hacia el conocimiento activo del alumno.

Pero, ¿qué significa esto en la práctica? Implica que el contenido teórico deja de impartirse en el aula para ser transmitido a los alumnos a través de materiales que pueden estudiar en sus casas. Estos materiales no sólo estarán en el formato clásico de manual impreso. Ahora es posible añadir vídeos, libros digitales, enlaces a páginas web de interés, recursos en línea, blogs, infografías, MOOCs y cursos, comunidades de aprendizaje, herramientas y aplicaciones

No todo lo que se incluya en un itinerario de aprendizaje digital debe ser creado necesariamente por el profesor. Internet está repleto de contenidos gratuitos de calidad elaborados por otros profesionales del sector. El docente debe realizar una labor de investigación, selección y ordenación de todos estos materiales, para elaborar un itinerario formativo útil y asequible por el alumno, teniendo en cuenta su conocimiento de partida y el tiempo disponible para la asignatura.

Esto implica ser muy selectivo, ya que las fuentes disponibles en internet son casi eternas y no siempre están adaptadas a las necesidades de nuestros alumnos. A la hora de elaborar nuestro itinerario de materiales, debemos poner foco en los objetivos diseñados al comienzo. Para organizarlos en un itinerario que el alumno pueda seguir desde su casa, podemos partir de lo general a lo particular y dejar así que el alumno construya primero un marco de referencia general para lograr luego una mayor profundización.

No podemos perder la noción del tiempo real que se tarda en consultar los materiales que incluyamos en nuestro itinerario. No tendría sentido pedir a nuestros alumnos el día anterior que consulten en casa unos contenidos de 50 horas de estudio. Si creemos que todo es importante y nada puede dejarse de lado, tenemos dos opciones: indicar al alumno qué parte o partes de los recursos formativos deben consultar, para que se focalicen sólo en lo importante del material compartido, o bien distribuirlo en el tiempo e ir dosificando los contenidos a lo largo de la semana.

La manera de garantizar que el alumno está haciendo un seguimiento de los contenidos que le proponemos que consulte en su casa es contar con un sistema de gestión de la formación online o LMS (por sus siglas en inglés, Learning Management System) que nos permite conocer quién ha accedido a los contenidos, quién ha leído qué y durante cuánto tiempo. Normalmente,  los centros ponen a disposición de los profesores y alumnos una plataforma de formación digital, aunque la buena noticia es que si tu centro no dispone de una, hay soluciones gratuitas disponibles en internet al alcance de cualquier profesor.

Aunque el temario presencial que teníamos elaborado de cursos anteriores nos puede resultar muy útil como base para esta selección de contenidos digitales, no podemos dejarnos llevar por un pensamiento pasivo del tipo: “si esto ya está en el manual, para qué voy a buscar más información…” Los mapas mentales, los gráficos, los ejercicios interactivos, los vídeos y otros formatos que podemos buscar o bien aplicar a nuestro material previo facilitarán la tarea de comprensión, asimilación y recuerdo de nuestros alumnos.

Pero, si el alumno obtiene los conocimientos en casa, ¿para qué está el profesor? ¿para qué acudir a clase? Para el trabajo en equipo, para la ejecución de proyectos, para la resolución de problemas, para la puesta en práctica de labores de investigación y diseño de estrategias… Nuestros alumnos, basándose en el contenido visto antes, están preparados para ponerse manos a la obra y generar algo propio y tangible a partir de esos conocimientos teóricos.

Lo primero que haremos en clase será explicar a los alumnos la metodología o metodologías elegidas, la duración del proceso y el sistema de seguimiento y evaluación continua aplicados por el profesor, para luego pasar a aclarar dudas y formar los equipos de trabajo. Cada equipo definirá entonces un problema, un proyecto o una investigación a llevar a cabo.

¿Qué implica esto? Que hay que guiar al alumno en la definición de ese proyecto, investigación, o problema a resolver. Dejar que el alumno participe en esta decisión nos garantizará su interés y motivación. No importa que el tiempo en la definición del objetivo a perseguir se dilate, ya que en su definición se irán perfilando muchos de los temas a tratar durante el proceso.

Al guiar al alumno en la definición del problema sobre el que se quiere centrar, debemos tener en cuenta que éste debe ser asumible durante el periodo de un curso académico, secuenciable en pasos asumibles por los alumnos y con una solución realista y asequible para la comunidad a la que va dirigido, si fuera el caso (ojo, no siempre los problemas planteados tienen por qué ser actuales o reales; pueden ser imaginados o referidos a otra época histórica u otro lugar).

Por otro lado,  no debemos olvidar que el problema dado debe permitir a los alumnos adquirir los conocimientos y destrezas definidos previamente, y que además se encuentre en el ámbito de capacidades de aprendizaje del alumno (aquí es tan perjudicial el exceso como el defecto: si es demasiado difícil se frustrarán, y si es demasiado fácil, se aburrirán y desmotivarán).

Una vez definido el tema a resolver por cada equipo, nos pondremos en marcha: Guiaremos a los alumnos sobre los pasos a seguir y en qué orden, dónde conseguir las herramientas necesarias, cómo utilizarlas y con quién hablar o reunirse para lograr el objetivo. Pueden diferenciarse las tareas a llevar a cabo por los distintos miembros del equipo, para que comprendan que colaborar no significa que todos tengan que hacer lo mismo siempre.

Aquí llega el momento de personalizar el aprendizaje: para ello, nos basaremos precisamente en las preferencias del alumno y en su mapa de inteligencias múltiples, de modo que centraremos a cada alumno en lo que mejor sepa hacer (se trata de potenciar al alumno en aquello para lo que está predispuesto,  no a forzarle a hacer cosas que ni le interesan ni se le van a dar bien).

El aula se convierte así en un laboratorio de proyectos, y el profesor debe dirigirlos para evitar que lleguen a un punto muerto o a una solución absurda o no factible. No se trata de dejar al alumno a su criterio, a ver hasta dónde es capaz de llegar por sí mismo y luego evaluar el resultado. Se trata de garantizar que llega a resolver el problema, proyecto o investigación que se planteó en un principio. Lo que se evalúa es el aprendizaje en el camino, no el final del mismo.

Para el profesor, esto implica:

  • Conocer bien a cada miembro del equipo, para guiarle en sus habilidades y permitir que tenga su espacio dentro del grupo.
  • Tener una visión global de cada equipo, para evitar desequilibrios en carga de trabajo, oportunidades de participación y toma de decisiones, selección de tareas a desarrollar…
  • Saber en qué momento del proceso se encuentra cada equipo, para tener preparadas las herramientas o soluciones que necesitarán en caso de no saber continuar en el proceso.
  • No perder de vista los objetivos planteados, para lograr que el proyecto trabaje para los alumnos y no sólo los alumnos para el proyecto.
  • Explicar bien a los alumnos cómo van a ser evaluados en cada fase del proyecto y hacer un seguimiento continuo con ellos, para que sepan en tiempo real cuándo se están desviando del objetivo de aprendizaje y tengan la oportunidad, herramientas y tiempo suficientes para rectificar (se trata de generar oportunidades de aprendizaje con cada error, no de castigarles por equivocarse).
  • Crear espacios para la colaboración entre equipos, de modo que lo que han aprendido unos pueda ser reutilizado por otros si les interesa.
  • Crear espacios de comunicación e intercambio de ideas, para que todos los alumnos puedan conocer qué hacen en el resto de equipos y por dónde van.
  • Crear espacios para la autoevaluación, para que los alumnos desarrollen habilidades de autocrítica.
  • Aprovechar el tiempo del aula para la comunicación, la participación, el trabajo en equipo y la creación de propuestas y soluciones. Los alumnos hablan, el profesor pide permiso para participar.

Una vez elaborado el proyecto por los distintos equipos, hay que guiar a los alumnos para que generen una maqueta, prototipo o propuesta “beta” que se pueda someter a pruebas de aceptación, bien por alguno de los equipos, bien por un grupo de personas elegidas de entre el público objetivo al que se dirige la propuesta, si esto es posible. De este modo, los alumnos podrán conocer hasta qué punto se han adaptado a las necesidades o han resuelto el problema que pretendían cubrir. Además, se podrán incluir modificaciones para lograr una mayor adaptación del proyecto a sus fines.

Este paso permitirá a los alumnos entrar en contacto con el mundo real y poner a prueba lo aprendido y ejecutado frente a su entorno. Si bien hasta el momento todo el proceso ha ocurrido en un entorno “seguro”, donde ha sido el profesor quien les aconsejaba ante las dificultades o errores, ahora el alumno deberá aprender a aceptar el feedback recibido por un público “anónimo”  y convertirlo en cambios de planteamiento, de solución o de características de su propuesta.

Una vez completados los cambios, llega el momento de presentar el resultado. La comunicación en público de todo el proceso les ayudará a analizar lo aprendido y a reflexionar sobre sus propios aprendizajes. También les permitirá diferenciar qué es lo importante a transmitir y a sacar conclusiones para futuros proyectos.

Si  bien en principio puede parecer que con estas nuevas metodologías el profesor va a tener una carga de trabajo muy superior que en años anteriores, donde repetía curso tras curso el mismo material frente a un alumnado pasivo, también el cambio le aportará grandes ventajas:

  • Le va a permitir desarrollar sus propias competencias (no sólo las de sus alumnos), en materias como la gestión de equipos, la planificación, la resolución de problemas, la puesta en marcha de estrategias, el liderazgo, la investigación, la personalización del aprendizaje…
  • Va a generar entornos vivos donde aprender de sus estudiantes va a ser mucho más dinámico e inmediato (recibirá un feedback diario de sus alumnos con el que ir ajustando su forma de guiarles).
  • Al final del curso, sus alumnos no sólo tendrán como prueba de su aprendizaje un examen completado correctamente, sino un proyecto que pueda ser desarrollado de inmediato por otros o que más adelante puedan ejecutar ellos mismos a lo largo de su futura carrera profesional.
  • Obtendrá un grupo de alumnos capaces, no sólo un poco más sabios.

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