La nave nodriza: Entrevista a Isabel Inés

¿Cómo surge la Nave nodriza?

La Nave es un proyecto muy personal. Nosotros lo definimos como un espacio de aprendizaje en torno al diseño en general y al diseño de productos digitales en particular.

Es el resultado de la suma de nuestras individualidades, no sólo la de nosotros tres, los fundadores (Isabel Inés, Juan Leal e Ignacio Buenhombre), y esto es algo que nos gusta mucho decir, y es que La Nave es la escuela en la que a nosotros nos hubiera gustado aprender. Es la suma de nuestras trayectorias, de nuestras motivaciones, y también de las de la gente que va pasando por aquí, que va impregnando y ayudando a configurar La Nave.

Montamos La Nave hace ya tres años: en verano de 2013. Sigue siendo un proyecto de los tres, pero el día a día lo llevo yo. Nosotros somos diseñadores, consultores de experiencia de usuario. ¡Teníamos ganas de probar con nuestras propias metodologías y ponerle más cariño al tema!

En La Nave no buscamos una gran rentabilidad, porque el modelo ni es escalable, ni es replicable, pero eso no quiere decir que seamos una ONG ni que no ganemos dinero, claro que sí, pero en nuestro origen, en el origen de la Nave, hay una vocación de devolver a la comunidad de alguna manera todo lo que nosotros hemos recibido, que haya un lugar en el que sea más fácil ese intercambio de conocimiento.

Es una idea que cuesta hacer realidad. Está en nuestra vocación, pero lo que pasa es que como no aplicamos una mentalidad de  empresarios, cuando entra el tema económico nos cuesta poner precio a lo que nos gusta”.

El Gran Curso

“El producto estrella de la nave a día de hoy sigue siendo lo que ahora llamamos el Gran Curso de Diseño de Productos Digitales. Ése lo coordino yo y es con el que hemos ido haciendo tantas cosas metodológicas.

Somos diseñadores y además creyentes del Diseño Centrado en el Usuario. Tener en cuenta las necesidades, las barreras, las expectativas de los usuarios con los productos digitales o en su relación con las marcas.

Hemos utilizado esa misma metodología para diseñar el curso. Yo ahora leo mucho, me estoy formando, tengo mucha curiosidad por metodologías de formación, y me doy cuenta de que muchas de las cosas que hacemos por instinto, por ensayo-error, porque nos parece más divertido, o lo que sea, tienen nombres dentro del mundo pedagógico.

También al revés: De alguna manera, estoy aprendiendo mucho del mundo pedagógico, de cómo enseñar a aprender, y de cómo se aprende; cómo aprendemos las personas en general y los adultos en particular, que es muy bonito, también”.

 ¿Cuál es esa metodología?

“Aprender haciendo. Este curso son seis meses, es para profesionales, son los viernes por la tarde y sábados por la mañana. Son las peores horas de la semana para aprender. Sabemos que hay que darles algo muy interesante, lúdico… O sea, que no pueden ser cinco horas sentado en una silla tomando apuntes mientras alguien te cuenta lo que sabe. Es guay que no sea eso, porque me tocaría a mí. A mí me agobiaría mucho pensar que lo que aprendan los estudiantes dependa sólo de mí, de lo que yo sepa, de lo que yo sea capaz de transmitirles.

Ahí yo entiendo que mi rol como coordinadora, como directora de este plan formativo, es facilitar las condiciones para que el aprendizaje ocurra; conocer muy bien a cada persona, a cada profesional: La media de nuestros estudiantes supera los 30 años. Esto quiere decir que son gente que lleva más de 10 años trabajando. Todos tienen su experiencia y la experiencia de cada uno nos hace únicos. Aunque hubiéramos estudiado lo mismo, aunque hubiéramos trabajado en la misma empresa, luego las lagunitas que tenemos cada uno en la cabeza a rellenar de conocimiento depende mucho de nuestra motivación, de nuestros objetivos, de la configuración de nuestro cerebro… ¡Yo qué sé!

Entonces, ahí creo que mi misión sobre todo es acompañar a cada uno en su proceso de aprendizaje, y para eso hay también un trabajo de mentoring personal: Tú qué quieres, tú hacia dónde quieres ir, qué objetivo te planteas con esto… Porque el Gran Curso es una inversión de energía muy grande, de tiempo, de dinero, de ilusión, de ganas también… Y ahí tenemos que hacer un acompañamiento muy personalizado, ver cómo está cada uno en lo personal y en lo profesional, acompañarles en su proceso, porque además, me conozco también el proceso, que tiene sus altibajos, y hay momentos de subidón, momentos de bajón y hay que estar ahí, y estar continuamente retándoles.

En cuanto a la metodología en el tiempo, nosotros nos basamos en un concepto que he conocido hace poco que es el de los arcos formativos. No sabíamos que lo hacíamos y lo estábamos haciendo. Si dividiéramos el curso en tres partes, la primera es un arco formativo que tiene un principio y un fin, unos objetivos… y en ese primer arco, prácticamente todo es jugar. Hacemos sesiones teóricas, hacemos talleres, y lo que hacen los alumnos es poner en práctica la metodología, prototipar, perder el miedo a hacer, a crear, a diseñar, a inventar, a proponer, a sugerir, a decir, a equivocarte… Jugamos mucho, y lo que se consigue ahí es hacer una cohesión muy grande del grupo.

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Otra de las cosas que están en el core de nuestra metodología es que seleccionamos a nuestros estudiantes. Cualquiera que llega a La Nave, con lo escondidos que estamos, y que no invertimos nada en publicidad, ni SEO, ni posicionamos bien en Google ni nada, en general, cualquiera que llega a la Nave a hacer este curso con interés es un perfil válido. Entonces, la selección no es tanto si tú vales o tú no vales, como que sea un momento personal adecuado, porque hay que dedicarle muchas horas: Es algo que se negocia en la familia, en la pareja, en el trabajo, desde luego…

Además, como el diseño de productos digitales es un proceso multidisciplinar en el que intervienen un montón de perfiles, desde los más estratégicos hasta marketing de comunicación, de research, diseñadores de interacción, audiovisuales, maquetadores, programadores back, gente de SEO, de analítica… aunque depende de quién demande el curso, nuestra intención es siempre que haya todos estos perfiles en el grupo, de forma que el conocimiento en realidad ya esté ahí; lo que hay que hacer es que aflore.

Vuelvo al tema de los arcos formativos: En ese primer arco formativo lo que se trata es de que se conozcan todos muy bien, que se aprecien mucho las diferencias, que todo el mundo vea la riqueza que hay en la clase, y que cada uno sea consciente de que es único, de que sabe cosas que los demás no saben, y que tienen mucho que aportar al grupo, y que tengan ganas de aportar, que se cree el ambiente óptimo para que puedan compartir, de alguna manera.

En ese primer arco formativo hacen un proyecto de grupo, porque no todos tienen habilidades de diseñar, de crear, pero se dan cuenta de que no hace falta. Y a partir de ahí, lo que hacen son proyectos individuales, pero ya con clases más específicas sobre metodología, dando más tiempo a la reflexión.

Otra de las cosas que hemos aprendido del cómo se aprende es la pirámide de Bloom. Yo al principio me frustraba mucho porque me parecía que los conocimientos de la gente eran muy superficiales. Se iban muy contentos, pero en realidad no habían entendido por qué habían hecho lo que habían hecho.

Hemos ido metiendo cada vez más proyectos, más práctica en el curso, y ya hay un nivel de reflexión mucho mayor. Al final, no se trata tanto de hacer un proyecto a lo largo del tiempo, sino de hacer varios proyectos, pasar varias veces por un proceso de creación de principio a fin.

Eso es lo que hemos visto que mejor funciona para adquirir madurez, porque al final, aunque en general la definición de diseño que hay en la gente que nos dedicamos a esto tiene mucho que ver con la parte visual y gráfica, de cómo utilizar los recursos gráficos, sin embargo en el diseño de productos digitales esto va mucho más allá: Estás diseñando conversaciones, estás diseñando procesos complejos, relaciones complejas entre una empresa y un cliente, que van mucho más allá de cómo pinto la pantalla o de qué color pongo un botón. De lo que se trata es de aprender a hacerte las preguntas adecuadas. Eso es difícil de enseñar.

Otra de las cosas que hemos visto que funciona muy bien son las tutorías. Cada estudiante siempre tiene un proyecto en marcha y una vez al mes vienen tutores, que son diseñadores o gente del sector con mucha experiencia profesional y los alumnos pueden consultarles: “Estoy en esta fase, éstas son mis dudas..”. Y además, siempre les decimos a los estudiantes: No puedes decir: “Mira, éste es mi proyecto, ¿qué te parece?” Enséñame dónde están tus dudas, cuáles han sido tus principales decisiones de diseño, y en qué te basas para proponer esto así y no de cualquier otra manera. Sobre todo, cuál es tu reto de partida, y vincúlalo con una necesidad del usuario.

La verdad es que yo estoy orgullosísima del resultado final; bueno, estoy muy orgullosa de ellos, de ver cómo maduran profesionalmente en seis meses; ¡es increíble!; pero además, me gusta ver cómo maduran sus proyectos, cómo son cada vez más interesantes”.

¿Hacia dónde queremos ir?

“Una de las cosas que nos gustan mucho es ser una metodología, no un lugar físico, no depender de un lugar físico. La Nave ahora está aquí pero podría estar en cualquier otro lado, porque ya hemos definido qué relación juega el espacio de aprendizaje en nuestra metodología, y entonces ya no tiene porqué ser éste, pero sí sabemos que queremos tener paredes móviles, que todo el mobiliario sea móvil también, que sea acogedor, pero no necesitamos que sea en este espacio en concreto.

Nos gusta mucho no sólo que la gente venga aquí a hacer cursos, sino que podamos dar formación o formar parte de la transformación de grupos dentro de empresas, o en otras escuelas, donde estamos dando clase también. Vamos aprendiendo y vamos pivotando también.

En el sector del diseño de productos digitales, los que nos dedicamos a Internet, el otro día lo pensaba, estamos tan acostumbradas a que el entorno cambie continuamente, que estamos continuamente aprendiendo. Entiendo que en todos los sectores, si tienes curiosidad también te pasa, pero es que aquí se te hace imposible no hacerlo, porque de hecho, todo lo que aprendiste hace cinco años ahora ya la mayoría no vale. Es un aprendizaje activo en el que sabes lo que tienes que dejar a un lado porque ahora hay cosas nuevas; O eso ya no se puede hacer (hay que desaprender, a veces). A veces, la experiencia es un problema, en vez de ser algo positivo.

Lo que nos gusta es ser una referencia para la comunidad, poder aportar a cualquiera que quiera reciclarse profesionalmente o que piense que tiene algo que enseñar o que aprender”.

¿Cuál es la base tecnológica?

“No hay base tecnológica. La tecnología al final es un recurso más. En la Nave no hay ordenadores; la gente pregunta: “¿Tengo que llevar mi ordenador?” Ayer hubo clase de narrativa de productos digitales. Pues usamos papel y boli, porque realmente es una forma de pensar, una forma de orientar el abordaje de productos digitales, y que luego cada uno elija la herramienta que quiera.

Para aprender a usar herramientas, Internet está lleno de manuales. Pero bueno, por ejemplo, en el Gran Curso pasa, que los estudiantes se acaban organizando para darse clases entre ellos de cómo usar herramientas, fuera del horario de clase. Por supuesto, pueden utilizar el aula, pueden utilizar La Nave, pero nosotros no dedicamos tiempo a eso, porque eso se aprende solo, o hay cursos en Internet o hay academias que son especialistas en eso.

Hay gente que tiene carencias, pero entonces se trata con ellos de forma independiente; por ejemplo, hay gente que no ha diseñado nunca y siente mucho esa carencia y quiere aprovechar el curso para hacerlo; pues fuera del horario de clases se ponen ejercicios, se supervisan con ellos y van avanzando. Pero no hay base tecnológica. Las tijeras, el papel, las pizarras, los cuadernos, los bolis, los rotus, son tecnología, igualmente, porque son herramientas, ¿no? Pero no hay que saber utilizar ningún programa. Hay que saber lo que necesitas. Seguramente, hay un programa que te ayuda a hacerlo”.

Formación presencial

“Estamos haciendo toda la formación presencial. Nos preguntan mucho por la formación online, pero creo que esto tiene que ver con lo que he dicho antes: La Nave es la escuela en la que a nosotros nos hubiera gustado aprender, y para mí, la formación presencial es mucho más divertida, mucho más permanente (pervive mucho más), es mucho más rica. De aquí salen promociones, grupos de amigos que siete años después siguen teniendo su grupo de whatsapp, siguen teniendo mucho en común, han compartido mucho, y son gente que los ves y dices: “En la vida podrían haber sido amigos”.

Hay comunidades online maravillosas que además luego han dado el salto al offline, pero yo creo que ahí no tengo mucho que aportar, o tendría que estudiar muchísimo para ver cómo podría aportar en la formación online. Tenemos ganas de hacer algunas herramientas online que nos empiezan a hacer falta, porque nos apetece jugar con ello: Al final de clase, muchas veces, nosotros usamos una herramienta de validación, para asentar conocimientos, pero que es muy juguetona.

Estamos usando una que hay en el mercado, pero nos gustaría tener la nuestra propia, porque además, como somos diseñadores de productos digitales, siempre se nos ocurren formas de mejorarlo. O para durante la semana, como el curso es de viernes y sábado, poder recordar ciertos conocimientos de lo aprendido la semana anterior, o lo que sea. Estamos hablando con una empresa que tiene una herramienta de elearning para ver si damos con una, pero siempre es más para asentar el conocimiento, mantener el contacto, aunque el core está en lo presencial”.

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Y después…

“El curso que ha terminado en 2016 ha creado un grupo de whatsapp que no para. Es lo más básico, seguimos ahí. Pues yo siempre les digo: Pagan el curso una vez, pero tienen apoyo y soporte de por vida. Tenemos listas de correo de alumni en la que están todos, y sobre todo se ponen en común ofertas de empleo, pero también se crean muchas conversaciones en torno a proyectos nuevos, conversaciones sobre el producto digital, o gente que comparte: “Pues he hecho este proyecto, o en mi empresa estamos teniendo este problema, y cómo lo resolveríais vosotros”. Se crea una conversación en torno al tema profesional o a dispositivos que van saliendo.

También hacemos talleres cortos, formaciones más específicas a las que siguen viniendo. Con muchos, mantenemos relaciones de amistad; con algunos, relaciones profesionales y luego además hacemos fiestas periódicas para los otros alumni, incluso para los de los dos primeros cursos que tuvimos en la otra escuela. Para nosotros, son la historia de La Nave, son importantísimos.

Algunos ya son profes en la Nave. Desde 2015 tenemos cursos en los que enseñamos nuestra propia metodología. Hay que haber estudiado aquí, hay que haber pasado por el proceso, hay que haber aprendido aquí, pero está funcionando muy bien, y así también crece un poquito el staff, la base de profes que podemos impartir ciertos cursos”.

Formación no reglada

“Quien va buscando una titulación, claramente no es para mí. No hay créditos oficiales, no hay una universidad detrás, no es formación reglada, ni estamos sujetos a ningún programa, porque de un año para el siguiente, basado en nuestra experiencia, cambiamos por completo el programa si hace falta. Lo cambiamos todos los años para mejorarlo, pero hay veces que le pegamos unos revolcones… De hecho, cada vez hay menos programa. La Nave es muy especial; es un acto de fe hacer este curso: tienes que confiar en que vas a aprender y que esto es lo que quieres aprender. No falla. No creo que nadie haya salido frustrado.

En la otra escuela, el otro curso que hacíamos se llamaba máster. Cuando montamos la Nave, decidimos alejarnos todo lo posible de eso; sin ser “anti”, estamos tan lejos de las formaciones oficiales, de los créditos, de los programas inamovibles, que lo llamamos “El Gran Curso”, que es casi como: “En la pista central del circo”, porque estamos completamente lejos de eso y creo que eso nos hace más valiosos.

En el momento en el que te institucionalizas, o que institucionalizas la formación, te has quedado obsoleto ya. A nosotros nos pasa lo contrario: Nadie de los que damos clase en La Nave, ni siquiera yo, vivimos de La Nave. Todos tenemos proyectos en paralelo, fuera; somos profesionales del diseño y estamos continuamente haciendo diseño. A veces es un problema: Surgen formaciones y ¿quién la hace? Nadie puede, porque estamos todos currando… Por eso, estamos montando un equipito de gente que es profesional pero que le apetece dar clases también”.

Feedback

“Hacemos evaluación: todos los años evaluamos a los de este año, a los del año anterior… Vemos cómo afecta. Para empezar, sabemos que es un curso que se hace para una transformación profesional, pero tiene mucho que ver con un cambio personal. No sé si eso pasa en todos los masters. Cuando vas a hacer una inversión tan grande de energía, y de dinero, y el esfuerzo, realmente hay una transformación personal detrás. Es emocionante acompañar eso.

En general, es gente muy motivada, el ambiente motiva mucho y además hay un acompañamiento muy personalizado. Creo que habrá quien piense que podría haber dado más, que lo podría haber hecho mejor, que podría haber aprovechado más el tiempo, pero esta transformación es lenta, también. Hay gente que a lo mejor, inmediatamente después de terminar el curso se va un poco frustrado, pero seis meses después, un año después, dos años después, nos siguen llamando o escribiendo, diciendo: “Hoy acabo de hacer el ‘clic’ con la clase de no sé quién, y acabo de entenderlo, porque en el trabajo me ha pasado algo y entonces, esa pieza ha encajado”. Mantenemos el contacto con prácticamente todos nuestros antiguos alumnos (con unos más habitualmente que con otros). Éste es un curso de digestión lenta, que acompaña durante años el aprendizaje”.

Transferencia del conocimiento

“No les enseñamos conscientemente a hacer una transferencia de conocimiento, pero es una de las cosas que estamos viendo cómo poner en práctica. Cosas que hacemos y que las vamos probando de año en año: Hay un proyecto en grupo al principio de curso, pero luego los proyectos son individuales, para que cada uno tenga su experiencia y sea muy obvio que es esa persona la que está tomando todas las decisiones de diseño. Hay profesores que te acompañan, tus compañeros por supuesto… Una de las cosas que hemos hecho para que no estén muy solos, para que no se sientan muy solos, son las parejas, ‘binomios’ los llamamos.

Tu binomio en realidad, es tu compañero o compañera de referencia, a la que le cuentas tu proyecto. En cada binomio, cada uno se sabe perfectamente el proyecto del otro. Pivotan los proyectos y se acompañan en la resolución de los problemas. Se aprende no sólo a tomar tus decisiones y a resolver tus problemas de tu proyecto, sino a acompañar a otra persona, que es la que tiene que tomar su decisión.

Ese proceso lo tienes también con un tutor. Es curioso, el tema de las tutorías es muy interesante; estamos aprendiendo, porque el tutor, ni es tu jefe, ni es tu profesor ni es tu cliente. Es un maestro, en el modelo maestro-aprendiz: Alguien que tiene mucha más experiencia y que sabe hacer las preguntas adecuadas.

Muchas veces, los tutores enseñan a través de su propia experiencia: “¿Has pensado en no sé qué? Porque, en este tipo de proyectos, suele pasar este tipo de cosas, a mí me pasó que..”. El tutor está haciendo transferencia de conocimiento, y ellos están enfrentándose a muchos tipos de problemas.

Buscamos mucho la madurez como diseñador, la madurez profesional. Nos da mucha rabia que la gente salga de aquí con treinta y tantos años y tenga que ser el junior o el becario de una profesión que están empezando a poner en práctica.

La otra cosa que hacemos es ejercicios específicos para hacerles conscientes de sus decisiones de diseño, de forma genérica, también. De reflexionar en tu proyecto, cuáles han sido las tres decisiones de diseño que has tomado. Ahí, de repente generalizan: “El usuario no siempre hace esto..”.  O “diseñado para lo más probable y no para todo lo posible”. Son mantras que repetimos y de repente un día, “¡ostras! ¡Ya me he dado cuenta!”

Sello de calidad

“Haber estudiado en La Nave, en mi sector, es sello de calidad. Sin embargo, hacer una selección de personal, por ejemplo, porque el candidato tenga un título oficial de un máster, me parece del siglo pasado. Yo me considero una privilegiada por estar viviendo esta época y por estar ocupando el lugar que ocupo. Me parece fascinante, porque ya estamos viendo caerse todos y cada uno de los antiguos paradigmas, de los principios básicos que regían el mundo de mis padres, por ejemplo.

Por un lado, tengo súper respeto a la gente de esa generación, que es la que ha permitido que ésta ocurra, pero tenemos que estar abiertos al cambio. En mi generación, tengo mucho compañero o compañera brillante profesionalmente que son fracaso escolar, que no han terminado una carrera porque les interesaba trabajar antes. En mi generación, es un valor no haber encajado en el sistema educativo, porque es que ya estabas por delante”.

Oportunidades laborales

“Los de RRHH de las grandes empresas, las grandes corporaciones, por un lado, necesitan sistemas muy genéricos que les ayuden a tomar decisiones, porque si no, serían cero operativos, pero por ejemplo, hay una empresa en nuestro sector, que hacen dos entrevistas de trabajo a la semana para sacar una persona cada tres o cuatro meses, porque lo que buscan es ‘brillo en los ojos’. Lo que buscan es qué hace a esa persona especial que no tiene nada que ver con lo profesional: Su afición, o que estudió no sé qué que no tiene nada que ver, o que es músico, o que es un friki de tal o cual cosa.

Al final, lo interesante es cómo piensas, cuál es tu capacidad de resolver problemas, tu creatividad. En esta escuela no se habla de creatividad, y sin embargo me parece que se desarrolla mucho, porque no es: “Seamos creativos y pintemos las cosas de colores”, sino que creatividad es distintas maneras de resolver un mismo problema. Entonces, vamos a entender muy bien qué es un problema y vamos a ver ochocientas mil maneras de formas en que podamos resolverlo. De todas ésas, hay que tener criterio: Saber cuál es la mejor, según los límites de este proyecto.

Creo que es una faena para la gente de recursos humanos, porque los procesos tradicionales no valen para encontrar a la gente así. Hay que buscar la madurez, saber si esa persona sabe hacerse las preguntas adecuadas. Creo que va muy por ahí. También hay que preguntar mucho “¿Por qué?, ¿por qué has hecho esto?” Ver sus proyectos o ver cómo piensan; enfrentarles con casos reales: “¿Tú qué harías?” o “¿Cuál es tu enfoque?”

Nosotros recibimos muchas peticiones de empresas: “Oye, estoy buscando un perfil, estoy buscando un recurso..”. Es un horror. En las ofertas de trabajo ahora mismo, las empresas no saben describir lo que necesitan, y casi nunca cuentan lo que ofrecen. Me da mucha vergüenza ajena. ¡Un respeto!

Pero bueno, quitando eso, me parece que los procesos de cambio de trabajo o de contratación, están fatal pensados, igual que el de cambio de vivienda. Tendrías que poder probar, cobrar por probar: “Si me interesa trabajar en tu empresa, o nos interesamos mutuamente, voy a trabajar un mes, me lo vas a pagar, en mi empresa me lo van a respetar”. No sé cómo se podría hacer eso: Poder probar y si no estoy a gusto, entonces no vengo. Pero claro, eso no se puede, normalmente. Creo que hay una revolución ahí pendiente, también.

Nosotros, los fundadores, somos defensores del nomadismo digital y de la independencia profesional, de poder trabajar para un cliente sin estar casado con una empresa. En nuestra profesión, hay cada vez más gente así. De la Nave, cada vez hay más gente que sale queriendo ser autónoma, no ser contratada por una gran corporación ni por una pequeña boutique de diseño. También porque es una profesión donde hay pleno empleo; es una profesión en la que si eres medianamente bueno, hay curro para todos.

No se valora el estar trabajando en una gran corporación, donde tienes un horario, donde tienes que ir a la oficina, donde tienes que estar sentado en la misma silla todos los días las mismas ocho horas, independientemente de cómo vaya tu proyecto, de lo creativo que te sientas ese día, de lo productivo que seas, porque no todos los días somos igual de productivos. Cada vez hay más gente que no quiere eso y que busca otras formas de ganarse la vida. Eso me parece muy interesante, también. A lo mejor eso a la gente de RRHH también le ayuda.

En todas las grandes corporaciones de Madrid, hay gente que ha pasado por la Nave, y que ahora están allí. Hemos tenido distintos tipos de convenio, desde becas hasta pasar a formar parte de sus procesos de selección, o recomendaciones, pero, fuera de la Nave, yo formo parte de Ilios network, un grupo de profesionales independientes autónomos (somos ocho, no somos muchos), profesionales de internet, diseñadores de experiencia de usuario.

De esta comunidad, como es una profesión nueva, nos la inventamos los que llevamos más de 15 años en esto. La comunidad ha ido creciendo y aportando. Hay una vocación de compartir lo que se va aprendiendo muy bonita. Parte del origen de La Nave o del motivo de ser de La Nave es ése.

Ahora estamos trabajando para todas las grandes corporaciones: El BBVA, el banco de Santander, Telefónica… Como autónomos, como equipo de profesionales, montamos un equipo a la medida de las necesidades del proyecto, y lo hacemos.

Cuando nos contratan, es porque son permeables. Hay veces que lo que pasa es que es más fácil transformar la cultura de una gran corporación, o por lo menos, dentro de una gran corporación, la de un departamento o un área, cuando ese cambio viene de fuera, que si se produce internamente.

Voy a poner un ejemplo de un proyecto en el que he colaborado un poquito, pero que es de uno de mis compañeros: Se llama Carlos Navalón y ha rediseñado la web de El Prado. El Museo de El Prado, como institución, es muy tradicional. En cualquier caso, tenían que contratar un equipo externo para diseñar; podrían haber montado un equipo interno para diseñar, pero era mucho más fácil contratar a un equipo como nosotros, que pudiéramos traer ideas más revolucionarias, por así decirlo, que internamente, donde hubiera sido muy difícil que cuajaran. Se pueden pelotear, se lanzan así y alguna hay que modelarla, pero en general se aceptan mejor, y ahora, están todos muy orgullosos.

De repente, han dado un salto de gigante, porque como el resultado final gusta mucho, de repente ellos se sienten muy orgullosos y son parte. Es un ejercicio hecho casi a posteriori. Creo que puede pasar así más veces. Era algo identitario, porque es el Museo de El Prado online. No es como un producto bancario, porque si trabajamos para un banco lo que hacemos es un producto bancario como un wallet. Nosotros hemos diseñado el wallet del BBVA para poder pagar con el móvil. Estamos participando en el rediseño. Es un producto del banco. Pero a lo mejor los equipos de desarrollo del banco, en este caso lo que pasa es que no son tan ágiles. Hay procedimientos internos mucho más burocráticos. Yo creo que sacar los proyectos fuera lo que les permite es ser más ágiles, para saltarse ciertos procesos burocráticos internos, porque ellos ya lo que hacen es supervisar.

Yo me he dado cuenta en 2016 de que vivo en una burbuja, pero que creo que es lo normal. Me he dado cuenta del nivel de privilegio que tengo, que elijo quién entra por esa puerta, defino quiénes son mis estudiantes, quiénes son los profes de La Nave, quiénes son mis clientes, con quién trabajo, hasta dónde me comprometo… Si ya es lo normal para mí, para una señora de 43 años en el año 2016, pues lo será para mucha más gente dentro de cinco,  dentro de siete. En mi entorno, es lo normal. Y se hace buena pasta, también, se puede funcionar así, realmente haciendo buenos proyectos, buen trabajo…

Ahora ha entrado una chica, Alex, pero yo he sido la única mujer durante bastante tiempo en el grupo de profesionales y hay varios papás, y concilian, y hay otros que no son papás pero que no quieren estar todo el día trabajando. Mi socio Juan, que es también socio de la Nave, vive en Málaga y está haciendo windsurf todo lo que puede y esto es conciliación, también. Nos pasa a todos que nos flipa nuestro trabajo, pero no queremos que nuestra vida sea nuestro trabajo”.

Valor añadido

“De La Nave, te diré que gran parte del valor es una frase que decimos: ‘En La Nave no se estudia, se aprende’. Se cuida mucho a la gente y al final, acabas aprendiendo una metodología, una cultura del proyecto, que es lo que deberían buscar los de RRHH de los que hablábamos. A diseñar se aprende diseñando.

Con respecto a mí, por un lado, no hay dos días iguales. Por otro lado, necesito un reto continuo y la Nave es un reto continuo. Cuando me aburro, porque ya domino algo, pues yo misma me invento otra cosa que tiene sentido para los demás”.

laubauhaus

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