Albert Bosch y la innovación

Desde LearningLovers.org, conocimos a Albert Bosch partir de su participación en Zinc Shower con la ponencia La gran aventura de transformarse. Tuvimos ocasión de hablar con él sobre su labor de consultoría en las empresas para la implantación de procesos innovadores, y a continuación transcribimos lo que nos ha contado:

La aventura como metáfora

“Uso la aventura como una metáfora de vida.

¿Por qué aventura? ¿Por qué la aventura nos puede servir para extraer conceptos importantes en la transformación a la hora de formarnos, de crear contextos, de prepararnos para nuevas situaciones?

Hablamos de aventura, que no de deporte, ¿eh?, que el deporte es una cosa, y la aventura es otra que muchas veces requiere de una actividad deportiva en medio, pero la aventura es diferente… Deporte, por ejemplo la maratón, es esfuerzo, pero te enseña poco; te enseña como mucho a esforzarte, a luchar. Intentas intensificar mucho una cosa, si te gusta y te motiva, pero sólo depende de ti; está chupado.

Es la gran diferencia. Las circunstancias no te influyen demasiado. En cambio, la aventura se parece mucho más a lo que es nuestra vida en general, porque es incierta, supone riesgos, requiere un compromiso brutal, visión a largo plazo, te la juegas de verdad, etc. Hay que crear equipos, hay que buscar financiación, hay que comunicarla, es mucho más completa.

Luego, desde este punto de vista, de entrada, ¿qué tenemos? Tenemos que al final, la vida, siempre ha sido y es, pero en estos momentos que estamos viviendo de una forma extrema, tremendamente incierta, compleja y cambiante. Entonces, en la manera en que nos estamos formando y de la manera en que estamos planificando nuestras vidas, nuestras carreras profesionales, nuestra formación, lo estamos haciendo, planificándolo, viviéndolo y adoptando una actitud que es totalmente opuesta a la evolución de la economía, de la sociedad, de la vida en general.

Exploración: esfuerzo con aportación de valor y adopción constante de nuevas capacidades

Ésta es la primera gran conclusión que me gustaría reflejar: La actitud de aventura, la actitud del explorador, es la actitud que deberíamos aprender más en nuestra formación y en el desarrollo de nuestras cargas profesionales a la hora de transformarnos; a mí me gusta decir que en el mundo de la aventura la exploración a la hora de transformarnos es fundamental. ¿Por qué? porque la situación a la que vamos a ir no la conocemos nunca. Siempre vamos a descubrir un nuevo territorio, a conquistar una nueva montaña, en definitiva, a explorar una nueva selva, que nunca ha sido explorada o descubierta. Esto es igual a nuestro futuro: nuestro futuro es un terreno al que vamos, al que nunca hemos ido. No sabemos cómo será. Lo podemos intuir, podemos intentar influenciarlo, pero no sabemos exactamente lo que nos encontraremos. Y esto es una gran clave a la hora de transformarte. Porque, hasta ahora, siempre nos hemos basado en dos conceptos muy importantes:

  1. El trabajo y el esfuerzo: venimos de la cultura del trabajo y el esfuerzo.
  2. La gran importancia predominante de la experiencia.

Ambos conceptos, en el mundo de la transformación en el que estamos, están caducados. Ahora el esfuerzo ya no importa, ya no es la clave. El esfuerzo es importante, lógicamente, muy importante, sin esfuerzo no se consigue nada, pero no da premio, no consigues nada sólo con esfuerzo. El esfuerzo no soluciona nada. Lo que soluciona es el esfuerzo con aportación de valor, el esfuerzo que aporta valor, porque el esfuerzo, el trabajo, la lucha, lo puede poner cualquiera. Hay mucha capacidad de esfuerzo, pero lo que es importante es que entendamos, a la hora de transformarnos, en este nuevo paradigma al que nos dirigimos, que el esfuerzo en sí mismo no es importante; es importante el esfuerzo que realmente aporta valor. No es importante trabajar muchas horas en la empresa. Es importante que esas horas aporten realmente una diferencia competitiva respecto a las otras empresas. Es importante que esas horas aporten una innovación, una creatividad, un valor diferencial que nos permita ser competitivos y rentables y que a la vez nos garantice el futuro. No es el trabajo. Antes sí, antes eran horas, horas, horas.

Te pongo un ejemplo: El esfuerzo nos hacía estudiar una carrera o varias, y esto te daba una trayectoria vital, la posibilidad de desarrollarte profesionalmente, y era casi una garantía de éxito. Tú estudiabas (esfuerzo), hacías una carrera (esfuerzo) y la sociedad te proveía de una carrera profesional, una trayectoria. Hoy en día esto se ha dinamitado. Ahora debes estudiar, ¡claro que debes estudiar! Debes formarte, ¡claro que sí! (esfuerzo). Pero no te garantiza nada. Sólo es un mínimo indispensable. A partir de ahí es donde tú, con tus estudios y tu formación, tienes que espabilarte, ser proactivo, ser innovador, crear valor, en definitiva. Esto es igual que en la aventura. ¿Merece la pena esforzarte? ¡Claro que sí! pero eso no te garantiza que tengas éxito en esa montaña, no te garantiza que eso sea interesante para el público, no te garantiza que hagas algo diferente, innovador, que descubras territorios interesantes… Esto es un tema: El esfuerzo.

El otro tema es la experiencia. Venimos de un mundo, una realidad, donde todo se basa casi, casi en la experiencia: Si tienes más experiencia, te pagan más dinero. Si tienes más experiencia, te hacen evolucionar más en los cargos ejecutivos o profesionales en cualquier empresa o negocio u organización o institución. La experiencia es un factor de progreso para la carrera profesional de una persona, en el paradigma anterior, no en el mundo de transformación en el que estamos, no en el mundo de la exploración. En el mundo de la aventura, de la exploración, la experiencia, ¿es importante? Sí. Pero mucho menos; se tiene en cuenta, pero mucho menos de lo que se tiene en cuenta en el mundo de la empresa.

¿Por qué? Porque imagínate un explorador polar, Shackleton, que iba a descubrir el Polo Sur. Cuando construyó un equipo, necesitaba gente con experiencia, gente que supiese espabilarse, que supiese desarrollarse bien en el frío. Pero como nunca había ido al Polo Sur, porque no había ido nunca nadie, nadie sabía qué pasaba allí, necesitaba gente, el segundo factor, que estuviese preparada para adoptar constantemente nuevas capacidades. La experiencia antes en el mundo empresarial contaba un 80%, en el mundo de la aventura se valora como mucho 1/3, como mucho un 30%. Porque el otro 70% tiene que ser gente que esté continuamente transformándose, adquiriendo nuevas capacidades, sabiendo que sus habilidades anteriores igual no son válidas para ir al Polo Sur, a la selva o a la empresa 3.0 a la que se va a dirigir. Tiene que adquirir constantemente las habilidades de una forma ya rutinaria.

Adquirir unas capacidades parece muy fácil, pero a veces tienes que dinamitar tus capacidades anteriores, tienes que hacer espacio, tienes que quitarte prejuicios, tienes que desaprender lo que sabías hacer. Esto es muy importante en la aventura y en el mundo en transformación creo que es una clave sobre la que intento insistir desde esta metáfora. Esto sería el segundo tercio. El primer tercio es la experiencia, el segundo es transformación permanente, actitud abierta y de adquirir nuevas capacidades. Pero el tercer tercio fundamental para tener la actitud clave para avanzar hacia este futuro tan incierto y complejo, y esto es lo que más cuesta en los equipos, en los profesionales, en los aventureros, es gente con una actitud dispuesta y con un coraje necesario para ir a la aventura sabiendo que no tiene las capacidades necesarias, o no todas, pero tienes que empezar a ir, tienes que ir al Polo Sur. Pero ya sabes que no tienes todas las capacidades, porque no las puedes aprender, porque nunca nadie ha ido, a ese futuro nunca nadie ha ido, a ese Polo Sur, a esa selva, ¡nunca! Con lo cual, nadie puede enseñarte, nadie puede advertirte de cómo será, nadie puede decirte cómo será tu empresa, o tu tipo de trabajo dentro de cinco años. Hay unas capacidades que no puedes aprender porque no existen todavía, no existen, pero en cambio tienes que ir, tienes que empezar a avanzar, tienes que empezar la exploración. Y luego, cuando estés allí, ya sabes que no lo tendrás todo, y sabes que habrá circunstancias nuevas que te vendrán de golpe y no tendrás tiempo de irte a formar, de ir a hacer masters, de ir a aprender, de ir a hacer pruebas en otro lado. No. Tendrás que solucionarlo en directo.

La actitud de adquirir capacidades nuevas en medio del “fregaó” es muy importante. La transformación es esto. Transformarte no es decir: “Pues antes hacía esto y ahora hago esto”. No. ¿Antes hacías esto? Pues úsalo, en parte; adquiere nuevas capacidades, y luego está dispuesto a avanzar en una dirección hacia el futuro tuyo, profesional, empresarial, artístico, deportivo, en el cual sabes que no tienes todas las capacidades pero cuando estés en el momento clave, el más crítico, cuando te jugarás más, donde todo está en juego, entonces tendrás que desarrollar capacidades nuevas. Es la actitud que define el paradigma actual. Todos los exploradores del futuro que tengan esas tres capacidades a la vez (experiencia, capacidad de aprendizaje y capacidad de aprendizaje sobre el terreno), podrán realmente avanzar en esa transformación tan radical que nos exige todo.

Luego, esfuerzo con valor sí, experiencia sí, pero mucho más limitada porque hay que añadirle la capacidad de aprender y la capacidad de aprender sobre la marcha. Y al final, transformarse está muy bien, reinventarse está muy bien, y todo esto queda muy bonito, pero hay que ser funcional. Porque hay mucha gente que sí que se está transformando, que sí que se está reinventando, pero todo son sopas de ajo. Al final, ese valor tiene que ser real, tienes que ganarte la vida con él. Tienes que ser funcional. Porque la aventura está muy bien, tienes que hacer comunicación, tienes que montar equipos, tienes que buscar financiación, pero al final tienes que conseguir el objetivo como mínimo. Éstos son los paralelismos que se pueden encontrar en el mundo de la aventura con el concepto de transformación.

Estamos auto engañándonos constantemente, porque a todos nos gustaría vivir en ese mundo ideal de Disney en el que todo acaba bien, y que todo lo bueno de la evolución nos lleva siempre a algo mejor. Pero la gente, normalmente, habla muy bien del cambio, le gusta mucho el cambio, pero cambiar no. Lo que le gusta es hablar del cambio. Le gusta el cambio cuando en lugar de un iphone 5 te viene un iphone 7 y te hace 1000 paridas nuevas. Este cambio sí, porque te ayuda tecnológicamente, pero cambiar de verdad a nadie le gusta. A nadie le gusta haber hecho una carrera y que no sirva. Pero tienes que entenderlo: No va a servir. Sólo te va a servir con una condición muy importante: que estés dispuesto a pagar el precio de ser mediocre, alguien poco valorado. Porque si tú pretendes poner sólo ese conocimiento al servicio de un proyecto y te van a pagar sólo por lo que has estudiado, quiere decir que no vas a desarrollar cosas de valor en general (siempre hay excepciones). ¡Claro que continuarán contratando a gente! Pero cada vez menos y cada vez lo que sabes hacer del pasado, tu formación, tu edad, y todo esto, va a valer menos. Es un tema de observar cómo van las cosas, observar el mundo laboral.

Trabajo por proyectos

La gente ya no va a trabajar en un empleo por horas. Va a trabajar por proyectos. Eso quiere decir que en ese proyecto tienes que aportar valor. Al final, vamos a acabar todos como los artistas, los actores. Los actores van por obras, no van porque estudiaron artes escénicas: “Oye, yo tengo Artes escénicas. ¿Me das empleo de actor?” “No. No te doy empleo de actor. Vamos a hacer un casting, y si tú eres bueno, vas a hacer esta obra, y esta obra si tiene éxito, va a durar tres meses o tres años, o tres días. Y después se va a acabar. Pero si eres bueno, y te gusta y vas formándote siempre, en nuevas tecnologías, en nuevos terrenos, en nuevos códigos de comunicación, etc, si eres buen actor, ya vas a poder participar en otros proyectos, te van a contratar para otra obra. Y en esa obra igual estás para ocho años trabajando o estás ocho días, repito.

Pero lo importante no es que te hayas formado como actor y que seas muy trabajador. Eso está muy bien, pero lo importante es que cuando salgas a la obra de teatro, cada noche, la gente flipe contigo y con toda tu obra, ¡eso es lo importante! El valor que aportas cada día, y va a durar mientras eso tenga valor. ¿Es malo que una obra de teatro deje de verse al cabo de dos años? No, no es malo. Tienes que hacer otra cosa. Pues en esto las profesiones serán bastante parecidas, pero esto coincide con el ejemplo de actor porque a la gente no le importa; hace tiempo que viven así. ¿Por qué lo soportan y por qué están dispuestos a vivir con esta incertidumbre? ¿Por qué aceptan esa poca solidez en su carrera? Porque ya saben que eso es así, por un lado y además, como les apasiona, hacen lo que les apasiona, es de las profesiones seguramente que más están conectadas con la motivación, más están dispuestos a no pagar el precio de ser mediocres, de leer los guiones y corregir las faltas de ortografía, que está muy bien, alguien tiene que hacerlo y tiene mucho valor, pero eso lo puede hacer cualquiera, con lo cual van a pagar lo mínimo, porque como hay tanta gente que puede corregir esas faltas de ortografía, es una parte poco valiosa. Sin embargo, si te apasiona tu empresa, no te va a importar depender de tu talento, de tu aportación, de tu búsqueda de oportunidades, de tu proactividad.

Esto un poco a los estudiantes universitarios les pasa lo mismo: ¿qué quieres hacer? ¿Quieres sólo trabajar en algo que no te importe, sólo para ganarte un sueldo y el sábado y el domingo irte a la playa si puedes? Muy bien, hazlo hasta que te funcione, y hasta que te aprieten las tuercas, porque si no aportas valor, serás la comodity que funcionará en el mercado según la oferta y la demanda, nada más. En cambio, si eres alguien que aporta valor en proyectos interesantes, disfrutarás, te formarás y vivirás esa incertidumbre, esa vida tan compleja de una manera apasionante. Esto a los universitarios les cuesta mucho entenderlo, sobre todo cuando tienen 18 años. Es como el número de la lotería: Es muy fácil saber el número cuando ya ha pasado el sorteo. Es importante que tengan una visión de qué quieren ser o como mínimo, de qué no quieren ser. Con esa visión es cuando después planificas tus objetivos, tu trabajo, sobre todo cuando tienes claro lo que no quieres ser: “Yo no quiero ser como ese tío”. Como mínimo, ya no te enfocas a eso, porque si estás siguiendo unas pautas, acabarás siéndolo.

Lo importante es la actitud

Pero sobre todo, no tenemos que engañarnos. La formación, en gran medida está anticuada, porque se basa en conceptos y no en actitudes; lo importante son las actitudes, las emociones, en el mundo actual, la comunicación, la parte más personal; la parte de contenidos es la que tiene ahora menos valor. Esto es sólo una pequeña parte. Antes, el que sabía ese contenido o esa formación o ese título universitario, el que tenía eso tenía un gran valor, se pasaba casi toda su vida desarrollándolo con pequeñas mejoras. Pero ahora no: Ahora es sólo un primer paso para aprender, para continuar aprendiendo. Estamos en una época de transformación continua porque es un aprendizaje continuo. Al que no le guste estar aprendiendo constantemente, sinceramente, no tiene lugar en los sitios de liderazgo; tendrá que estar ahí al peso: tanto  el kilo, tanto la hora. Esto es un poco fuerte, dicho así, pero es la realidad. Si lo que puedes hacer tú lo hace todo el mundo, te contratarán al peso, no por lo que aportas, no porque tengas un título, no porque tengas una posición social. Eso es otra cosa: Antes, la posición social, las relaciones, tenían mucho valor. Ahora nos estamos trasladando a una sociedad mucho más meritocrática. Cualquier tío tiene acceso a esas relaciones, con el linkedin o como sea. Cualquier persona tiene acceso a viajar más. Es mucho más democrático, porque la persona tiene acceso a desarrollar mucho más su talento: No depende de que seas hijo de no sé quién para que te puedas desarrollar o quejarte, estar disconforme o cambiarte o moverte. La movilidad tiene la ventaja de que la sociedad es más meritocrática, depende más de tus méritos que de tus enchufes.

Con lo cual, estamos yendo a unos momentos de la historia muy complejos. Para unos serán terriblemente negativos, porque claro, ¿dónde está la seguridad? Estará en ti. Para otros, será una época más igualitarista, más basada en la persona, no tanto sólo en ti como fuerza de trabajo, sino como en ti como fuerza de creatividad: Podrás desarrollar más tu visión de la vida, tendrás más tiempo, lo gestionarás más, etc, etc. Yo le veo muchas oportunidades, pero los padres están muy acostumbrados a unos valores que trasladan a sus hijos de modo que cuando tengan un trabajo fijo, sus padres estarán felices. El tener un trabajo fijo es el precio a renunciar a tu libertad, al desarrollo de tus ilusiones, a hacer lo que realmente te gusta, a intentar buscar una progresión profesional determinada.

Muchas veces, la seguridad es el enemigo público número uno de las personas que lo que pretenden realmente es tener una vida llena, ¿no? y esto a la hora de transformarse es muy importante. Transformarse es una gran aventura; es un tema muy ambicioso. Intentar transformarte, reinventarte, cambiar en tu momento profesional, en tu formación, en muchas cosas, en lo que sea, es realmente muy ambicioso. Es una cosa muy crítica en tu vida, en la que te la juegas mucho, porque vas a dedicarle mucho tiempo, mucho coste-oportunidad para hacerlo, vas a renunciar a muchas cosas, vas a dinamitar a muchos clientes. Con lo cual, es una aventura de alto riesgo, una aventura de alto compromiso, una aventura con muchos obstáculos.

Pero si no te interesa de verdad, no te hace ilusión de verdad, si no te hace feliz de verdad, si no tiene sentido para ti de verdad, vas a renunciar seguro, vas a fracasar seguro, porque ante cualquier pequeño obstáculo, te acojonarás, abandonarás, buscarás excusas. Por lo tanto, en un mundo en transformación constante, tan competitivo, tan complejo y tan incierto, es fundamental seguir la visión de lo que te conecta con tus valores, con tu pasión, con tu sentido, con tu felicidad. Pero esto no es una filosofía de un gurú de éstos raros, ¿eh?  Es que si no te hace feliz, si no tiene sentido, si no te motiva, vas a renunciar seguro, porque el camino es muy difícil, es muy duro y te la jugarás muchas veces y es largo, además, no dura un fin de semana. No es una de estas carreritas donde todo el mundo pone el selfy en el facebook: “¡Mira qué reto, 100 kilómetros!” Esto dura un día, un día y medio de sufrimiento. Estamos hablando de una cosa que te va a durar años de tu vida, los mejores años de tu vida. Con lo cual, si no lo haces con ilusión, con pasión, vas a renunciar seguro. Por eso, es muy importante estar conectados con cosas que te importen, porque si vives una vida que no te importa, a nivel profesional, a nivel de formación, a nivel de lo que sea, es que serás un fracasado seguro. Aunque te salga bien y tengas éxito social y económico, serás un fracasado, porque recuerda: Estabas haciendo algo que no te importaba. Por lo cual, en la transformación hay que buscar la parte auténtica de ti, dar importancia a la parte de buscar en tu persona, de conocerte, de filosofar un poco, ahora que quieren quitar esa asignatura, hay que filosofar un poco del porqué de las cosas, de dónde vengo, de qué soy.

Ahora que está cambiando la seguridad que antes teníamos en las cosas, todo será cambiante, todo será volátil, pero debes seguir fiel a ti mismo y estar conectado con lo que realmente te importa, porque así tú serás estable. Es la flexiseguridad. Hay que ser flexible hacia fuera, liderar el cambio, gestionarlo, pero tú estarás tranquilo, serás sólido. Cada avance, cada éxito o cada fracaso sumará a tu base de solidez, con lo cual es muy importante al final la parte de la persona, que es lo único que tú puedes controlar. Lo que depende de ti, hazlo bien. En el mundo, en la aventura, en la montaña, en la selva, en la Antártida, hay muchas cosas que no dependen de ti. Es muy complejo, es muy complicado. Pero haz bien los deberes, y haciendo bien los deberes fundamentales, si se gestionan bien, si se es auténtico, si se busca un sentido, si se filosofa un poco de qué quieres en la vida, saldrá bien. Porque si no, al final, vamos avanzando muy rápido, aprendemos mucho a correr, a escalar, a técnicas nuevas para avanzar, pero nos hemos olvidado de saber usar la brújula, de saber hacia dónde queremos ir. Estás avanzando muy rápido, eres un súper experto, pero… ¡No sabes hacia dónde ir! Con lo cual, ¿de qué te sirve todo eso? Por eso hay que retroceder un poco. Nadie va a venir a nuestra casa a realizar nuestros sueños. Eso es un trabajo que no lo podemos delegar. Para transformarse no sólo hay que preguntarse qué cursos nuevos haré o qué tecnología nueva usaré o qué programaré; esto son sólo herramientas; son muy necesarias y hay que incorporarlas o renunciar a algunas para incorporar unas nuevas. Pero sólo son herramientas. Lo importante de verdad es que te hagas todas esas preguntas. Si no, nada sirve de nada.

Los dinosaurios de la empresa en España

El tejido empresarial no está en esto. Absolutamente no. Yo voy mucho a empresas y están llenas de dinosaurios. Los dinosaurios sobre todo están en los cuadros medios tirando para arriba. Hay una parte digamos en la base de gente currando, que está muy bien, donde se llega a acuerdos por hora, y ahí es donde se analiza la productividad, el coste hora, lo que se hace con esta máquina, con esta otra, pero de ahí para arriba, casi no se analiza la productividad. Y ahí están los dinosaurios. Son gente que ha ido subiendo en la empresa por su experiencia, por sus relaciones, por saber navegar, por saber hacer la serpiente y esquivar ciertos obstáculos y nada más, no tienen muchos méritos de aportación de valor. Son gente que tiene años de fidelidad, de navegación política, en las grandes empresas, sobre todo. Y son gente que está ahí y dice: “Yo cobro mucho porque mi decisión es muy importante”. Mentira, mentira: Es al revés. Te dejan tomar esas decisiones porque te han puesto ahí y claro, es verdad, si la cagas, la cagas mucho, pero si pones ahí a un tío que cobrase tres veces menos, tendría la misma capacidad, o mejor, porque estaría más actualizado, estaría más comprometido, estaría más motivado, aportaría más valor, etc.

Estos dinosaurios, muchas veces lo que hacen es que bloquean las empresas. Y ése es el gran problema de la empresa en general, pero en España se da mucho, porque son gente que ¿dónde basa su poder? En su experiencia y en su puesto organizativo: Dos grandes elementos de bloqueo para el futuro de las empresas. ¿Por qué? Porque los que se basan en su experiencia ¿qué es lo último que desean en su organización? La innovación. ¿Por qué? Porque innovar significa hacer cosas diferentes, hacer cosas nuevas, con lo cual, su experiencia ya valdrá menos. Ellos sabían hacer lo de antes. Si su poder venía de eso, en definitiva lo que querrán es bloquear cualquier cambio, cualquier innovación, porque su poder está basado en la experiencia e irá disminuyendo. Esto por un lado. Y por el otro, como su poder también está basado en el puesto orgánico, su poder depende del puesto organizativo, claro, también bloquean cualquier cambio, porque al final se les ve el plumero, ven que hay alguien que cobra 200.000 euros y no pega ni sello, es que no hace nada. Sólo va pegando broncas y liderando como se hacía antes, como un jefe, no como un líder de verdad, que empodera a sus equipos, con lo cual, las empresas lo tienen muy crudo con estos tíos, y son los que lideran las empresas. Cuando lleguen, bueno, ya están llegando, la generación de los millenials, supongo que cambiará, si es que no se acomodan, ¿eh? Porque luego igual ellos también se acomodan a ser los del carguillo, los de la experiencia y tal.

Yo lo veo en muchas empresas: Hablan mucho de innovación, pero a la hora de innovar, los que mandan más no quieren innovar, o al que innova y se equivoca en algo le pegan un guantazo que le dejan los dientes clavados en la mesa. Los demás ya lo ven y dicen: “Ya entiendo cómo hay que innovar. Hay que estar sin hacer mucho ruido, haciendo corrillo al jefe, porque si no, te pegan un guantazo”. ¡No! Al que innova, hay que premiarlo siempre, tenga éxito o fracase. Hombre, si ha hundido la empresa no, ¿eh? Pero hay que premiarlo siempre, porque fíjate el valor que tiene de un tío que es trabajador, que tiene talento, que tiene una reputación, que tiene unas ganas de hacer un proyecto, de crear un proyecto de innovación… el poner todo eso al servicio de un proyecto nuevo, innovador, de riesgo, porque si no tiene riesgo es que no es innovador, es que ya se ha hecho. Imagínate el valor que tiene, ese tío está jugándoselo todo: su reputación, su sueldo, su talento, su esfuerzo, su ilusión… Está jugándosela a un proyecto que si triunfa, salva a toda la empresa, porque consigue un salto cuántico el valor de la empresa. En cambio, si le va mal, luego es cuando tienes que apoyarlo. Apóyalo, porque lo intentó, intentó aportar valor a la empresa, intentó crear algo nuevo, apóyalo, porque es muy probable que le vaya mal.

Hay una actitud muy de fachada sobre la innovación y el cambio, y sin embargo veo un ejército de dinosaurios que con la mitad de peso las empresas se harían más ágiles, funcionarían mejor, con estructuras mucho más flexibles y se facilitarían mucho los cambios que necesitan porque el mundo va muy rápido y las empresas aún se basan en estructuras muy lentas. Que sea lenta una estructura pública o gubernamental, podrías llegarlo a entender, porque son estructuras muy politizadas, muy jerárquicas. Pero una empresa tiene que ser ágil en todos los sentidos y aquí las empresas muchas veces son lentas y dedican muchas energías a protegerse del cambio y pocas energías a generar cambios y a aprovechar ese cambio y ese motor que supone hacer una transformación de la propia empresa.

Por eso, yo hago la metáfora con el mundo de la aventura: A mí no me vale un tío por lo que sabía cuando ascendió al Everest. Estamos en la Antártida. Está muy bien si aprovechas esa experiencia para ver cómo vamos a resolver los problemas aquí. Pero yo no te pago por lo que sabías allí, sino por lo que harás aquí. Tu valor no vale por lo que hiciste ayer, sino por lo que harás mañana. Yo creo que esto es importante. Nuestro valor no es lo que sabías hacer ayer ni lo que estudiaste. Nuestro valor es qué voy a hacer mañana con todo eso, con toda mi experiencia, con toda mi capacidad, con toda mi actitud, qué voy a hacer. Ése es el valor en las empresas, en las aventuras, en cualquier ámbito de la vida.

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