Con ojos de maestra

Agustina García es filóloga y profesora de lengua en el IES Lope de Vega de Madrid; ahora estudia a Clarice Lispector, la escritora brasileña de origen ucraniano y familia judía, autora de “La pasión según G.H.” Desde LearningLovers.org hemos tenido ocasión de charlar con ella para que nos dé su visión de la evolución de la enseñanza tras 30 años de experiencia en el sector. ¡Todo un lujo!

La evolución

“Llevo 30 años de profesora de enseñanza secundaria. El sistema ha cambiado las leyes un poco… Cuando yo empecé, había otro sistema y luego vino la ESO. Yo este cambio lo he vivido con mucha ilusión, porque hace 40 años en España había niños en la calle y ahora no. Las leyes son importantes, porque políticamente hay que tomar decisiones sobre edades, horarios, presupuestos, etc, pero, lo que pasa dentro del aula queda un poco ajeno a la política; es decir, un poco, no digo totalmente. Lo que ocurre en un aula entre un profesor o profesora y sus alumnas es todo un mundo.

Yo viví con ilusión estos cambios, sobre todo políticamente. El que se haya incluido a todo el mundo en el sistema educativo me parece una conquista en España; fíjate que en 1936, en la guerra civil, había 24 millones de habitantes en España, y la mitad eran analfabetos. Poco a poco, se han ido dando pasos para que eso se pueda paliar y se pueda remediar.

Pero claro, luego en el día a día, yo he vivido ese cambio también de forma muy traumática, porque yo estaba acostumbrada a alumnos de 15 a 18 años y con la LOGSE me vinieron alumnos de 12. No es lo mismo un alumno de 12 que uno de 15. A ese tramo de 12 a 15 ó 16, a mí me resultó muy difícil adaptarme.

Hemos tenido bastante formación, porque la LOGSE incorporaba la formación del profesorado. Yo he hecho muchísima formación. También tuvimos muchos medios de fotocopias -podíamos tener ilimitadas fotocopias al principio-, y podíamos crear nuestros propios materiales. Pero claro, todo eso no es fácil de compaginar con un horario, porque todas esas formaciones se realizaban al margen de tu jornada laboral. Entonces, de verdad han sido unos años de muchísimo, muchísimo trabajo.

De los 30 años que llevo trabajando en educación, 22 han transcurrido en Madrid, y me di cuenta de que en Madrid el profesorado era muy conservador. Yo me he encontrado con compañeras que decían: “Bueno, si este alumno no atiende, pues mejor que no venga”. Eran señoras que no se daban cuenta de que no podían decir eso, porque la ley es para todos y todos los niños tienen que estar escolarizados.

De la misma forma que te tienes que adaptar al sistema, te tienes que adaptar a los niños, porque no podemos decir: “Matamos al niño, porque el sistema tiene que funcionar, y como no funciona el método, entonces hay que matar al niño”. Eso no lo podemos hacer. Y claro, existen profesoras que decían que lo importante era la física, que lo importante era el latín, y sin embargo, si su hijo había elegido fotografía, se consideraba que fotografía no era un conocimiento a la altura de la cultura.

Entonces, debido a todo esto, y a un profesorado tan conservador, que se resistía, que no se adaptaba, que decía: “Pues aquel que no quiera venir, que no venga”, todo eso luego generó una corriente de opinión para desacreditar, para decir que el nivel bajaba, y eso se ha instalado, se ha instalado un poco en el imaginario y en la opinión pública, y yo no lo veo así”.

La calidad de la educación

“Yo veo que las nuevas generaciones tienen nuevos conocimientos en música, de educación plástica y visual, que yo no tengo. Yo no aprendí a leer una partitura, yo no aprendí a dibujar ni tuve acceso a las artes plásticas que tienen ahora… Yo pienso que el nivel ha subido muchísimo, el nivel de los alumnos en esas materias. Luego, está el latín. Fíjate tú que con el latín llevamos desde el siglo XVIII, cuando ya Jovellanos estaba a favor de las lenguas vivas y de la disminución de las lenguas muertas. Y hemos tardado 200 años en incorporar innovación. Por supuesto, yo soy filóloga y a mí el latín me encanta y estudio latín casi todos los días, pero claro, reconozco que hay muchas maneras de incorporar el latín y de aprender las lenguas vivas también.

Porque otra cosa es el nivel de idioma moderno que hay ahora: Los niños entienden una película en inglés. Sin embargo, yo que era muy estudiosa, estudiaba francés, pero cuando me enfrenté al francés en vivo y en directo, no entendía nada. Es que no entendía ni siquiera la palabra “Francia”, porque a mí me dijeron “La France” y de momento yo no me di cuenta de que lo que me estaba diciendo era “Francia”. Entonces, imagínate, ya 10 ó 12 años estudiando francés, y que no puedas identificar oralmente la palabra “Francia”, pues es un fracaso, y sin embargo eso no se dice que era un fracaso.

Incluso, este señor, Durão Barroso, que ha sido un alto cargo de la Unión Europea, un portugués, dice que hoy en día el nivel ha bajado muchísimo. Pero este señor ¿qué me está contando? En los años 60 yo he viajado en trenes de emigrantes portugueses, que se venían tres días de viaje desde Frankfurt; y que ahora diga este señor que entonces había mucha más cultura… Claro, había mucha más cultura para las élites, pero era una minoría.

Yo los cambios los he vivido de forma contradictoria: por un lado, con mucha ilusión política, y luego por otro lado, con mucho esfuerzo y con muchas dificultades profesionales, porque claro, yo aprobé una oposición que entonces se llamaba de agregado de bachillerato, que bueno, era una cosa cómoda. Pero bueno, cuando ya tienes que cambiar completamente tu manera de pensar, tienes que pensar en tus alumnos, qué es lo que necesitan… porque les puedes poner un examen y el que aprueba, aprueba y el que no aprueba, no aprueba… Pero eso ya no sirve para nada, porque lo que tú tienes, el tiempo del que dispones, lo tienes que… ¿cómo se dice ahora?, lo tienes que “gestionar”, que tratar de una manera que ayude a todos y cada uno, y entonces, bueno, pues esa es la doble lectura que yo tengo de mi experiencia”.

Lo único constante, el cambio

“Y luego, están los constantes cambios: Yo, en los 30 años que llevo, cada año he tenido que enfrentarme a algo a lo que nunca me había enfrentado antes. Siempre son cosas muy nuevas.

Por ejemplo, este año estoy dando literatura universal a distancia. Claro, eso nunca lo había impartido. Ya tengo que estar siempre preparando, buscando recursos por internet para ponerles a los alumnos en un espacio que tenemos en el aula virtual del instituto, y unos recursos -tenemos un espacio para que cada profesor pueda poner materiales y todo eso-.

En España, siempre había existido la formación a distancia. Yo cuando empecé a trabajar en Madrid, en el año 87, trabajaba en lo que se llamaba el nocturno. Eran alumnos que no habían tenido acceso al bachillerato, estaban trabajando y luego por la tarde iban a estudiar al instituto. Pero es que luego, con la LOGSE, como ya era obligatorio para todos, desapareció, porque ya no había ningún alumno que estuviera trabajando desde los 14, pero claro, al pasar los años, pues ha vuelto a haber una serie de alumnos que se han ido quedando descolgados, y se ha vuelto a necesitar un apoyo o unos cursos para esos alumnos.

Ahora es a distancia: A distancia es una programación que tiene una serie de horario reducido, en el que los alumnos dan una tutoría colectiva todas las semanas, o bien por la mañana, o bien por la tarde. Entonces, yo tengo que repetir lo mismo en una semana, un día por la mañana y otro día por la tarde, para que los alumnos puedan ir, y luego ellos tienen acceso a una tutoría individual, en la que me pueden llamar por teléfono, o pueden también venir a visitarme al centro, y además hay unos materiales también en internet que pueden estar elaborados con Moodle, que los tenemos que elaborar nosotros, aunque hay unos estándares que podemos utilizar, del Ministerio, y podemos también ampliar.

Ahora tengo tres grupos de distancia: uno de segundo de bachillerato, uno de primero de bachillerato y uno de ESPAD, que es secundaria para adultos, que  también tiene alumnos migrantes que se han incorporado a nuestro país. Hay una alumna rusa que no tiene la convalidación del sistema educativo español y entonces está haciendo ESPAD. También hay alumnos de Hispano América, bastantes, incluso también españoles, porque hay gente por lo visto que tiene ahora 40 años y que dejó los estudios muy pronto y para poder ascender necesita el bachillerato. Asiste otra chica que empezó a trabajar de secretaria muy jovencita, que tampoco tiene la titulación… O sea, que es un alumnado heterogéneo, muy variado.

Hay un programa, que es muy cerrado. Cada quincena selecciono lo que me parece a mí que es más importante. Luego, los que vienen a la tutoría, ya saben de qué se va a hablar ese día. Yo intento decirles algo que sea útil. Por ejemplo, el otro día, me decían: “Pero profe, ¿no vamos a hacer ningún homenaje a Cervantes?” y yo no había pensado en lo de Cervantes. En ESPA no se da el Renacimiento. Pero me digo: “Tienen razón”. Y entonces, me pregunto: “¿Y  qué les podría ser útil?” y entonces me acordé de La gitanilla, donde hay un momento de la anagnórisis, al final de la obra, cuando se reconocen los personajes que habían estado ausentes durante muchos años. La gitanilla, Constanza, fue robada por una gitana al corregidor. Y al final, se descubre en un encuentro que la niña era hija de la alta sociedad. Así que leímos este fragmento. Ellos me preguntaron: “¿Y tenemos que aprender esta palabra, la “anagnórisis”?”… fue durante la última parte de la clase, que la dedicamos a eso.

Como ves, sí que podemos adaptarnos un poquito a las circunstancias. Es muy poco lo que se da, una hora a la semana, pero es una gente que tiene tanto interés, que a mí eso también me satisface mucho, porque les veo que te preguntan, que quieren saber más..”.

El cambio interno

“Yo sobre todo, he cambiado en que no soy dogmática; por ejemplo, esto del complemento directo, parece que era algo que si no sabías, ya no podías pasar a segundo, ¿no? Bueno, pues yo, la sintaxis, por ejemplo, aunque le doy mucha importancia, ya no le doy toda la importancia, y así, a la ortografía, también le doy importancia, pero no toda la importancia.

He aprendido a relativizar, a pensar que también hay otras cosas que también son importantes, por ejemplo, el hablar de la sexualidad; cuando vino la ley del matrimonio homosexual, yo estaba trabajando con gitanos, y vinieron unos chicos del colectivo Cogam a clase a hacer una sensibilización, y le decían las niñas a los chicos: “Pero, ¿que tú eres maricón?” y ellos respondían: “Yo soy gay” y ellas decían: “Es que vosotros estáis endemoniados”.

Pero fíjate que esa niña que decía esas cosas, las repetía porque en su cultura ella las sentía así, pero estoy convencida de que esa chica, por la tarde, o en su casa, o con sus amigas, cuando hablara de ese tema, repetiría o hablaría las cosas que había dicho el chico, ya no pasaría a tomar el otro papel, porque a ella le hizo pensar. Eso es en lo que yo más he cambiado, porque yo nunca había oído hablar del matrimonio homosexual; hace 25 años nunca habría hablado en una clase de matrimonio homosexual. Ni se me ocurría, no estaba en la mentalidad de la gente. Cuando yo me pongo a pensar en ese tema, yo creo que yo misma era homófoba, y claro, pues poco a poco, ha sido como enfocar el mundo de otra manera.

Otra experiencia que tuve, con la asignatura de lengua, fue con un niño de Ecuador, que tuve en el 2000 o así, cuando empezaron a incorporarse en nuestro sistema educativo; le puse un poco de Miguel Delibes, que es muy plástico, donde hablaba de las cigüeñas, y bueno, ese niño no sabía lo que era una cigüeña. Yo no podía comprender que alguien no hubiera nunca oído hablar de la cigüeña, aunque en realidad, ¿por qué tendría que haber oído hablar de ella? Él me hablaba del tilingo, y yo sin embargo no sabía lo que era o no había oído hablar del tilingo…

Esas cosas sí que te hacen pensar mucho, y claro, es un sistema también un poco antiguo y lento, pero que también yo creo que la escuela tiene que ser un poco así, ¿no? Porque tiene una función socializadora de grupo, y luego también los profesores estamos dando algunas materias un poco prácticas, y también esto es una manera de entrar. Se puede aprender cualquier cosa, da igual una cosa que otra. Una vez que tú sabes cómo se aprende algo, y cómo identificas si lo sabes o no lo sabes, ya lo aplicas a cualquier cosa que tengas que aprender. La prueba es una hoja en blanco o una página del ordenador, para ponerte a sacar de tu cabeza lo que te haya ido quedando. Ahí es cuando te vas a dar cuenta de lo que te falta, lo que no entiendes, lo que tienes que repetir, que insistir..”.

Aprendizaje por proyectos

“Este año, en el Instituto Lope de Vega hemos incorporado el aprendizaje por proyectos, y a mí me ha tocado en cuarto de la ESO hacer una unidad de la segunda evaluación que hemos dedicado a los premios Nobel. Hemos trabajado por grupos, y también ha habido una niña que no ha podido hacerlo en grupo, lo ha hecho ella sola; los demás se han repartido y han ido investigando. El producto final consistió en presentar ese trabajo en el centro cultural de Aluche, de Castilla y León. En Aluche hay un centro cultural de Castilla y León, y como yo he trabajado 20 años en un instituto de Aluche, y tengo contacto con ese centro, entonces fuimos una tarde los alumnos allí.

Concretamente, unos alumnos hablaron de Pablo Neruda, de su trabajo, y luego otra habló de Corea. Esa niña es una entusiasta de las culturas asiáticas, y resulta que tras investigar, en Corea sólo hay un premio Nobel, y es de la Paz, no es de Literatura, pero ella nos habló de él.

Los alumnos me cuentan muchas cosas. Ahora hay encuentros de culturas. Yo lo busco, hago comparación de las lenguas, y entonces pienso en cosas en las que no había pensado nunca, y también sobre otros escritores sobre los que ellos también hablan. Una niña hizo su trabajo sobre los premios Nobel rusos; la literatura rusa es una de las grandes de la cultura universal, y bueno, pues habló de Shólojov, y yo tampoco sabía muchas cosas de Shólojov; aprendo muchas cosas con ellos.

Pero bueno, vamos lentamente, porque esto de los proyectos, también conlleva una bibliografía nueva, que nos habla de estándares, rúbricas, hojas de progreso, que es lo de siempre, pero con un nuevo lenguaje. Tenemos acceso a información, tenemos también unos tutoriales, y hay profesores que ya van un poquito por delante y nos cuentan. Así, tenemos ese tipo de formación. Pero bueno, también hay gente que se implica más, gente que se implica menos… vamos entrando poco a poco. Vamos aprendiendo cosas nuevas.

Por ejemplo, en literatura universal, hay autores norteamericanos que no estaban antes en el plan de estudios, por ejemplo Dylan Thomas, al que hemos tenido que ir incorporando en esos contenidos. Pero el contenido tampoco es lo más importante; quiero decir que puedes aplicar la metodología a cualquier contenido. También te tiene que gustar. La educación, si no te gusta, es una tortura. Si te gusta, pues poco a poco vas avanzando… porque todo el mundo al final aprende, no te queda más remedio”.

Nuevas metodologías aplicadas a la educación

“Las nuevas metodologías que se aplican en la educación, como en Finlandia, donde utilizan la clase invertida, aquí se conocen más a nivel teórico, pero también se hacen más salidas, también se usa el aula abierta… Se va haciendo lo que se puede. Luego, hay centros más vanguardistas; puede haber diferencias entre centros, incluso entre los públicos. Esas diferencias dependen del equipo educativo, de que se implique más o menos, porque el centro tiene que promoverlo, hacer algo que te implique un poco, porque si no, pues bueno… Donde yo estoy ahora sí que hay un ambiente de cambio, de querer hacer las cosas bien… porque no por ser un instituto histórico ya está hecho todo, ¿no?

Hay de todo. Hay equipos directivos también muy conservadores. Hay gente que también es egoísta y no piensa que lo más importante son los alumnos, sino que lo más importante es su puesto. Esto, con el gobierno de la Comunidad de Madrid, también se ha notado, ya que han favorecido una serie de equipos muy conservadores. El “dividismo”, cómo se ha llevado a cabo, con una selección de alumnado, pues no es el espíritu de igualdad que queremos gran parte de los profesores, de ayudar a toda la población y a todos los alumnos”.

Propuestas de mejora

“A lo mejor hacía falta un inglés reforzado, porque un sistema que pasa sólo a un 30 o a un veintitantos por ciento de éxito, para conseguir unas élites, pues eso no es tampoco por lo que nosotros hemos luchado. Aunque ha habido muchas leyes, ha ido un poco en la misma dirección. Lo único diferente es que haya más dinero o que haya menos dinero. El dinero público se puede emplear más en gastos militares o en gastos educativos, y ahí es donde está la cuestión.

Pero bueno, a mí sí me parece bien que haya un consenso legislativo. Luego, también las leyes con esto del catalán, yo sí que sería partidaria de que se ofertara una asignatura de las lenguas de España en todo el país, que todos los niños tuvieran un acceso, al menos a un nivel B1 del MCERL (Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas), de gallego, de vasco, de catalán, fuera de las propias comunidades, porque claro, luego a la hora de encontrar trabajo, yo he tenido una amiga que su hermana es farmacéutica, número uno de su promoción: esa chica aspiraba a ser farmacéutica en un hospital de Galicia y no pudo acceder por el idioma.

Entonces, a mí eso me parece una torpeza, porque a lo mejor es muy importante aprender inglés, pero es que a lo mejor es muy importante también aprender gallego, porque te puede dar trabajo. Esto yo no lo veo tan complicado. A veces, cuando yo les pregunto a mis alumnos qué saben de Cataluña, saben del Barça, de Jordi Pujol, el mar, pero no saben la cultura; aunque en la escuela de idiomas de Madrid se puede estudiar catalán y hay varios centros, yo creo que también tendría que estar dentro del sistema. Yo lo pondría como asignatura obligatoria, si fuera la ministra…

Por lo menos, habría un acceso, que también serviría en la lucha contra el independentismo, ¿no? Es fundamental. Pero bueno, esto parece que en Madrid, con el gobierno que tenemos está un poco lejano. Aunque, oye, ¿quién sabe? O por ejemplo, los estudios árabes, pues también. Durante muchos años hemos tenido ahí una barrera; estábamos muy orgullosos de la música de Córdoba, de una serie de manifestaciones culturales, pero luego no queríamos saber que había personas que están viviendo ahí y que tienen otra vida, y que esa vida tiene que conocerse, porque es una parte importante de la población española, porque si no, ¿cómo vamos a comunicarnos? Los medios de comunicación transmiten una islamofobia, generan dudas a la paz, a la integración, y eso es también importante.

Yo creo que en la escuela habría que hacer más excursiones, por ejemplo, como la que ya estábamos organizando, -lo tenía en la programación desde septiembre-: una excursión a Salamanca, -porque yo soy de Salamanca- y es una ciudad muy educativa para los alumnos, es una ciudad renacentista, que muchos no conocen. Ahora ya ha llegado el tercer trimestre, que es donde yo la había proyectado, y me han dicho que no, porque ya vienen los exámenes, y el resultado final es que no se hace.

Yo creo que este tipo de actuaciones no favorecen que los alumnos aprendan, porque lo que vas a aprender un día de excursión es que no se te olvida, porque no es lo mismo que te lo cuenten en clase a que tú lo veas: la casa de las conchas, el art decó… que tú veas una serie de cosas, que estés allí con la gente, el río… No es lo mismo. Y yo redundaría más en ese tipo de actividades fuera del aula.

Se están haciendo cosas también este año. Los alumnos de cuarto de la ESO han ido a las empresas una semana a ver cómo funcionaban, y eso me parece que puede ayudar también. Ellos vienen contentos. Ven próximo el mundo del trabajo y les gustaría estar preparados para poderse independizar, para poder tener ya su libertad.

Hay proyectos europeos para el contacto de alumnos de distintos países. Yo no sé si funciona a través de Skype. Hay una página de la Unión Europea, Eurydice, donde se habla de estos programas, pero también es muy burocrático; se ponen a organizarlo y al final se desaniman porque no lo consiguen, pero sí que están colaborando. Sí que han ido a Alemania, un grupito de alumnos. Se lleva haciendo ya varios años. Esto es muy positivo, porque hacen nuevas amistades, y aunque sea Europa, pues aprenden otra manera de vivir.

Yo también te voy a decir que miramos mucho las empresas, Europa, Estados Unidos, pero no miramos África. Yo creo que estar por ejemplo en el Sáhara con las cabras, eso también sería muy educativo, porque aprenderíamos a valorar cosas, aprenderíamos a comprender cosas, y eso sí que no lo conozco, de alumnos de aquí que hayan hecho un intercambio con Mali, con Sudán o con Egipto, y yo creo que eso los gobiernos no lo quieren hacer. Están muy cerca, fíjate Marruecos, pero parece que esto no nos interesa, o no queremos. Creo que tendríamos que pensar un poco en ello”.

El salto de la escuela a la universidad

“Yo en la relación entre la escuela y la universidad tengo una espina muy grande, porque a mí me gustaría enseñar en la universidad también; yo hice un doctorado, una tesis doctoral, y sin embargo, veo que desde el punto de vista de los profesores de instituto, tenemos cortado el acceso a la universidad, porque existen dos formas, pero ninguna de las dos es fácil de hacer:

  • Hay una fórmula que se llama profesor asociado, donde tú tienes que trabajar en tu horario en el instituto, más las horas de la Universidad. Entonces, claro, eso es una sobrecarga, que a partir de los 50 años ya es muy duro.
  • La otra fórmula sería de profesor ayudante, pero ganando 1000 euros, lo que tampoco es satisfactorio para una persona de 50 años.

Sí que es verdad que magisterio sí tiene acceso al instituto, pero nosotros no hemos tenido acceso a la Universidad. Es un tema de reivindicación que no lo hemos sabido plantear o reivindicar suficientemente, pero yo sí que lo padezco. Desde que leí la tesis en 2009, yo estuve intentándolo, pero me pedían una acreditación de ANECA. Como yo no tenía docencia universitaria, no me daban la acreditación, aunque yo tuviera mucha experiencia docente en otro ámbito. Entonces, para adquirir esa experiencia docente para que me dieran la acreditación de ANECA, había que o bien ser profesor asociado o ser profesor ayudante, por lo que al final casi he dejado de pensar en eso”.

Los alumnos en la universidad

“Este año hay un festival de teatro clásico en la Universidad Complutense, y hemos llevado nosotros a los alumnos, a ver Helena de Troya y a ver Edipo Rey. Hemos visto el campus, hemos estado en la casa del estudiante, donde nos dan información sobre los grados, pero claro, yo tampoco estoy de acuerdo con esto de 3+2: es como volver otra vez a pagar, a romper un poquito la igualdad. Además, yo tengo ahora una sobrina que está haciendo el máster, y hacen examen todas las semanas. Es como volver a primaria, no tiene que ser así, porque tiene que primar ya una independencia, ya que luego vas a terminar tus estudios y vas a tener que continuar tú solo. A mí que te hagan un examen todas las semanas me parece una tontería. Es como para justificar que trabajamos muchísimo.

En el cambio del instituto a la universidad para los estudiantes, yo ahí lo que veo es que en las carreras técnicas, como ingenierías, no comprendo por qué en el primer curso tienen que suspender la mayoría de los alumnos. Es una rémora del antiguo sistema, porque había que pagar un tributo, ir a unas clases particulares, ir a una academia, pagar… es como una especie de corrupción, yo lo entiendo así, entonces ahí sí que tendríamos que analizarlo.

Luego, en las carreras de letras, no es tanto de equipo, aunque también puede ser de equipo, pero yo creo que entra más como un entrenamiento personal de la lectura; la lectura es algo individual; tienes que acceder personalmente, en silencio. Yo creo que las letras son fundamentalmente los libros, aunque luego ha habido personajes como Chomsky que nos cuentan la evolución desde la lingüística a la sociología, que te ayudan a comprender el mundo. Para mí éste es el ideal. Yo lo entiendo así: que estas figuras como Erasmo, Chomsky, que han nacido de la filología, como Bertrand Rusell, que pasó a la literatura porque las matemáticas le parecían muy fáciles, son personajes excepcionales, que son nuestros modelos”.

Aprendizaje continuo

“Tenemos que estar preparados para lo nuevo, para lo que todavía no existe. A veces, que te cambien el sistema operativo no es una traba para que aprendas, sino una forma de sacar dinero, porque no implica un verdadero conocimiento. Desde la antigua Grecia, ya  hubo un filósofo que aprendió a tocar la flauta a los 85 años. Siempre hay que estar aprendiendo, no cabe ninguna duda. Sin embargo, tenemos que luchar un poco contra el ciclo de cambiar algo que no es sustancial, porque en los ordenadores, como en los coches, al final el funcionamiento es el mismo.

Entonces, ¿por qué nos hacen cambiar cada seis años? Yo, por ejemplo, sobre la obsolescencia programada, pienso que podríamos tener un ordenador para toda la vida, o un coche. Pero claro, ya nos han comido el terreno de una manera tan fuerte… eso no quiere decir que eso sea conocimiento. Que te estén mareando constantemente… Es como tener que cambiar de móvil cada año.

Con los alumnos, siempre les estamos diciendo que tienen que cambiar, pero yo he estudiado un poquito lo de la revolución industrial, donde he visto el paro al que llaman paro estructural; un país, por muchos millones que tenga, no acaba con el paro, que es lo que ha pasado aquí cuando ha habido una burbuja, porque entonces había mucho dinero en movimiento pero tampoco se acabó con el paro. Interesa un poco tener ahí a esa masa de gente para amedrentar a los que trabajan: “Si no quieres el trabajo, hay otros 50 que lo quieren”. Y enfrentarnos a unos trabajadores con otros. Yo creo que eso es lo que tenemos que cambiar. Ver a los demás como personas, no como números o como medios o recursos humanos, como máquinas, porque no son máquinas, son personas.

Yo soy muy amante de una filósofa francesa que se llama Simone Weil, que escribió “La condición obrera“, que es de la época de Simone de Beauvoire y de Sartre, que estuvo en la guerra de España y que murió tuberculosa, por no querer recibir los tratamientos que no recibían los obreros, aunque su familia se lo podía pagar. Esta mujer decía que en el trabajo tenemos que saber por qué trabajamos y para qué trabajamos”.

Educadora por vocación

“Yo soy lo que se llama vocacional. A mí me gusta muchísimo, desde que empecé, y ahora estoy también en un buen momento, porque he pasado momentos muy, muy duros, con todo esto de la adaptación; también entre compañeros es muy complicado a veces, porque claro, yo, si tengo un problema con un alumno, yo lo entiendo, porque es parte de mi trabajo, pero que tengas un problema con un compañero que es igual que tú, pues eso ya no lo comprendo.

Pero bueno, yo creo que en este momento he llegado a un punto en que estoy muy contenta y lo veo de manera optimista de la voluntad y pesimista de la inteligencia: optimista de la voluntad porque creo que sí que queremos, aunque luego desde un punto de vista científico, intelectual, sí que es complicado, porque hay una serie de fuerzas que están ahí por el negocio; en Madrid ya no llegan al 50% los centros de educación pública; han ido asimilando, asimilando, han ido a privados concertados, y se están perdiendo políticas de co-educación, que fue una reivindicación de los años 60, para que los niños y las niñas fueran juntos al aula”.

La escuela ideal

“La escuela ideal para mí sería la escuela total: que todo fuera escuela y que la escuela fuera todo. Que a la escuela también pudiera llegar la experiencia de los abuelos y abuelas, que pudieran ir un día a la semana los abuelos a la escuela.

También yo creo que los viernes se podrían dedicar a visitar las bibliotecas, por ejemplo. Las bibliotecas, aunque hay mucha información online, siguen siendo muy útiles, porque yo, cuando obtengo la información online, no es lo mismo que cuando voy a la biblioteca y veo los libros delante en el estante. Las bibliotecas no se utilizan mucho porque los alumnos no tienen tiempo de ir. Tendríamos que dejarles un tiempo para acudir a estas bibliotecas. Por ejemplo, nosotras las profesoras tenemos una biblioteca magnífica en la calle San Agustín, en el Ministerio de Educación, que está abierta por la mañana y cerrada por la tarde.

Entonces, como la mayoría de las profesoras trabajamos por la mañana, la biblioteca siempre está vacía y no la podemos utilizar. Pues yo creo que sí, que tendríamos que dejar un día a la semana para hacer ese tipo de cosas, pero claro, no para quedarse en la cama. Tendría que ser para ir al museo, para ir a la biblioteca, para hacer otra cosa distinta.

También está la educación para adultos. Hay señoras que están estudiando inglés, que están estudiando teatro…  El lema es que la escuela es de todos y es para todos”.

 

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