Lo que los profesores ignoran (y los estudiantes ya saben)

Desde LearningLovers, hemos tenido la oportunidad de escuchar a Daniel Cassany, investigador en análisis del discurso en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, en el SIMO 2019, hablando sobre los géneros multimodales emergentes y nuevas formas de aprendizaje.

En relación a la aplicación de las tecnologías al aprendizaje, tanto dentro como fuera del aula, Daniel comenta que hay una serie de alumnos “frikies”, una minoría multilingüe y tecnológica, que se dedican a “aprender cosas raras” por su cuenta llevados por su pasión personal:

Desde series dramáticas (kdorama) y música pop (k-pop) en coreano, hasta dibujos animados (anime) en ruso, pasando por historias de ficción como Harry Potter o el Señor de los anillos (que derivan en Fanart), la serie animada My Little pony (con sus bronies) o series españolas que triunfan en China, como La casa de papel o El ministerio del tiempo (con su danmaku), todas logran interesar a un selecto grupo de jóvenes de entre 12 y 30 años quienes, llevados por su pasión, están dispuestos a aprender idiomas y realizar un uso extensivo de las tecnologías a su alcance para lograr su objetivo: divertirse.

Proyectos como Defandom, Icudel15 o Forvid desarrollados por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona permiten a los adultos acercarse a comprender estos fenómenos. Vamos a verlo:

El caso de Nuria

A Nuria le gustaba el pop coreano y seguía series dramáticas coreanas subtituladas en inglés; eligió el inglés en los subtítulos porque estaban más logrados que los subtítulos en español. En seguida se dio cuenta de que perdía parte del contexto de la serie porque había carteles en las paredes o señales en coreano que no lograba comprender, así que optó por aprender el idioma:

  • Se apuntó a la página Talk to me in korean, que permite el autoaprendizaje gratuito del coreano;
  • También utilizó infografías con términos y expresiones en los dos idiomas;
  • Poco después decidió contratar a un profesor nativo para mejorar la pronunciación y la sintaxis, y garantizar que todo lo que estaba aprendiendo en internet era correcto;
  • Para comprobar si ya dominaba el idioma lo suficiente, se creó una nueva cuenta en Twitter con un perfil en coreano y comenzó a comunicarse en ese idioma con gente del país que también era fan de sus series favoritas (los fandoms). Para traducir los tweets que recibía, analizaba la frase separando los diferentes elementos gramaticales y sintácticos por colores:

¡Estamos hablando de una chica que entonces tenía 13 años!

Nuria lo considera ahora una experiencia muy positiva porque le ha permitido combinar el ocio y el aprendizaje y dice que se animaría a volver a hacerlo con el japonés.

El caso de Liudmina

A Liudmina le dio por los dibujos animados con subtítulos en ruso; se veía Los Simpson o Adventure Time con la locución en inglés (idioma que domina muy bien), y traducía del inglés al ruso leyendo los subtítulos (un fenómeno que se denomina translanguaging). Como los capítulos son cortitos y las tramas sencillas, le resultaba fácil retener nuevo vocabulario en los dos idiomas a la vez.

Luego probó con la serie Masha y el oso, que es de factura rusa, con referencias culturales de ese país, tanto contemporáneas como de sus tradiciones. Decidió bajar la velocidad de reproducción de los vídeos en youtube, utilizar distintos idiomas de audio (el original en ruso y el doblaje en inglés), y los subtítulos en inglés, y si no entendía algo, acudía a google, buscaba la palabra como le sonaba, y la herramienta de autocompleción del buscador le devolvía el término correcto que estaba buscando. Luego usaba el traductor o la Wikipedia para entender la palabra y continuaba viendo los dibujos que había puesto en pausa.

A Liudmina no le importaba ver los mismos capítulos varias veces, porque tenía la sensación de que cuantas más veces los veía, con más vocabulario se quedaba y mejor los entendía.

El caso de un brony

Brony es la abreviatura en inglés de brother of My Little Pony; significa hermano (seguidor) de esa serie de dibujos animados. Aunque en principio estaba dirigida a niñas de entre 8 y 11 años, los capítulos han triunfado también entre jóvenes adultos porque les permite mostrar la cara masculina sensible que en una sociedad machista como la nuestra se intenta ocultar y castigar.

Un estudiante español aficionado a My Little Pony fabrica figuritas con los personajes de la serie que vende por internet. Para poder describir su trabajo en la red y comunicarse con sus compradores, tuvo que aprender el idioma y practicarlo online con sus clientes: Necesitó hacerse con los términos coloquiales y específicos que mejor describían sus esculturas, aprender la jerga fandom y la usada por los bronies, y hacerse con un lenguaje empático y comercial, muchas veces apoyado en el uso de emoticonos.

El caso de Leticia

Leticia Tian Zhang es una investigadora china que estudia fenómenos como el danmaku (literalmente “cortina de balas”), un tipo de escritura colaborativa que se superpone a las imágenes de las series, donde sus seguidores comentan en directo lo que les parece. Casi todas las plataformas de reproducción audiovisual en China lo incorporan, y también algunas salas de cine vía wifi. Los participantes comentan la película de modo anónimo y pueden emplear distintos colores, tamaño de letra, posición en la pantalla y orientación. Cuenta con grandes posibilidades expresivas entre personas que comparten una misma afinidad.

En este ejemplo, vemos como uno de los seguidores le dibuja un sombrero verde al personaje, ya que en la serie ha sido engañado por su pareja y en China el símbolo equivalente al “cornudo” es un sombrero verde.

El trabajo de Leticia abarca también la actividad de los fans chinos de series españolas, como “Física y Química”, que ellos mismos se encargan de traducir y subtitular al chino:

Esto les da una gran agilidad en comprensión oral audiovisual, aunque basándose en un discurso reconstruido por actores que utilizan un habla fingida, actuada (no es habla natural, sino basada en un guión de personajes). Alcanzan un nivel de subtitulación bastante sofisticado y participan en comunidades selectas de traducción donde se pasa una prueba previa (todo de forma absolutamente altruista).

¿Qué podemos concluir de estas experiencias?

Aunque las actividades realizadas en estos tres ejemplos son muy diversas, todos ellos tienen características en común:

  • Su interés es automotivado;
  • Se inspira en temas a su alcance en las redes;
  • Suele estar en formato digital (aunque no siempre), apoyado en distintos soportes y herramientas;
  • Suele conllevar la cooperación con otros jóvenes de países, culturas e idiomas diferentes a través de comunidades de práctica;
  • Se trata de una afición diferente, alternativa, fuera de lo común, que conduce a desarrollar actividades y formas culturales particulares;
  • Implica mucho tiempo y dedicación, lo que ayuda a alcanzar una conducta experta, avanzada, tanto en temas curriculares como extra curriculares.

Este aprendizaje puede llevarse al aula para aprovechar los recursos que ya conocen y las técnicas que ya han desarrollado, aunque dado que es algo que hacen por afición, no se recomienda incluirlo como parte del currículo, ya que pasaría a ser algo obligatorio y para ellos perdería “la gracia”. Lo que sí es recomendable es dejarles un espacio para presentar a sus compañeros de clase su trabajo y permitir que enseñen a otros lo que ellos ya saben hacer con maestría.

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