Escuelab, un proyecto de ciencia interactiva

Desde LearningLovers.org hemos tenido ocasión de entrevistar a Cristina Balbás, fundadora y presidenta del proyecto Escuelab, dedicado a la promoción de la educación científica práctica e interactiva. Dejamos que ella nos lo cuente:

Cómo surge Escuelab

“El proyecto surge en 2013 y tiene su origen en el centro nacional de investigaciones oncológicas. Éramos un grupo de estudiantes de doctorado, que mientras hacíamos la tesis nos implicamos también en proyectos de comunicación y divulgación pública de la ciencia.

Nos dimos cuenta de que cuando se abría para el público, las plazas para escolares se llenaban rapidísimo. Los profes estaban súper atentos y las 70 plazas disponibles se ocupaban en los primeros cinco minutos. Como no es fácil estar trayendo a los niños a lo largo de todo el año, por motivos de logística y seguridad, decidimos ser nosotros los que lleváramos la ciencia a las aulas.

Comenzamos con un taller y vimos que tenía buena acogida entre los niños, los profesores y los centros, así que luego ampliamos a otros talleres para otras edades. Constituimos una asociación sin ánimo de lucro, de modo voluntario, y lo hacíamos de manera gratuita consiguiendo fondos de donaciones y de premios al emprendimiento social juvenil. Fuimos por los colegios, tratando de dar prioridad a los centros con alumnos en riesgo de exclusión”.

La evolución

“A finales de 2014 terminé la tesis. Yo hice la tesis en cáncer de vejiga. Estábamos estudiando genes nuevos que no se conocían que pudieran estar involucrados en este tipo de cáncer y describiendo su función.

Vimos que Escuelab iba bien, que podía haber mercado, e intentamos darle un giro. En el curso 2014-2015, estuve trabajando de profe en extra escolares, y coordinaba campamentos para ver cómo funcionaban nuestros dos sectores en los que podíamos tener proyección, porque para poder hacerlo sostenible económicamente, teníamos que comercializar servicios, y más allá del taller de impacto que tiene el objetivo de fomentar vocaciones científicas y el desarrollo de herramientas de futuro entre los chavales, necesitábamos algo más intensivo, como pueden ser los campamentos, o más extensivo, como es el caso de las extraescolares.

Primero aprendí sobre el sector y en 2015 dimos de alta una S.L. Nos definimos como empresa social para llegar a los usuarios más vulnerables. Reinvertimos beneficios a la empresa o damos becas para que los alumnos puedan acudir a los campamentos. Ese año pasé a dedicarme 100% a Escuelab.

Hemos lanzado también campamentos urbanos en navidad, en septiembre, en Halloween, y luego en la sierra en verano. En 2016 arrancamos con las extraescolares. Es algo más de fondo; se empieza a hablar con los colegios en marzo o abril del curso anterior, para empezar en octubre del curso siguiente. Han sido 90 niños. Han estado todas las semanas acudiendo al club de ciencias escolares. De momento estamos en Madrid. Vamos a consolidarnos aquí antes de pensar en salir a más ciudades”.

La metodología

“Tenemos la ciencia en el centro de nuestro programa y de nuestra metodología, de una manera rigurosa, porque Escuelab surge de un grupo de investigadores, pero también adaptada a la edad y a la capacidad cognitiva de los niños de distintas edades. Hemos estudiado bastante sobre lo que está publicado en neurociencia, sobre cómo evoluciona nuestro cerebro cuando estamos creciendo, para intentar aplicarlo a nuestra metodología.

Los niños lo que hacen cuando vienen a nuestras actividades es jugar. Juegan a resolver retos que nosotros les planteamos, que tienen que ver con algo científico, entendiendo la ciencia de manera muy amplia: Biología, química, física e ingeniería, y nuestros facilitadores, que guían una experiencia de aprendizaje en la que el niño es el centro, tienen todos formación científica, experiencia investigadora y experiencia trabajando con niños.

El niño es el que explora, está jugando a tomar las riendas de su propio aprendizaje. A veces esto es lo más confuso: Explicarle a un niño que con los materiales que tiene y con lo que le hemos contado que hay que hacer, que él decida cómo quiere enfocar el reto. En el cole están acostumbrados a que les digan todo. Les estamos sacando del contexto al que están acostumbrados, pero luego en seguida se meten en faena y disfrutan mucho”.

Los objetivos

“Así conseguimos que aprendan ciencia, pues uno de nuestros objetivos es mejorar la cultura científica de estos niños y despertar vocaciones científicas. En los que no van a decantarse por una carrera científico tecnológica, también queremos desarrollarles habilidades que les sirvan para el futuro:

  • Trabajamos mucho el trabajo en equipo, el resistir la frustración, el gestionar el error como parte del aprendizaje, ya que al dejar que tomen las riendas, a veces no salen las cosas como esperan, pero les animamos a que estas experiencias las integren también para sacar conclusiones con las que afrontar nuevos retos de manera diferente;
  • Autoestima, porque al final ellos se ven haciendo algo de lo que no se creían capaces, porque las ciencias siempre se consideran más difíciles y creen que tienen que dominar las matemáticas tal y como se las explican en el cole, y no necesariamente es así;
  • Su capacidad de expresarse y de defender su opinión, puesto que están trabajando en equipo, y no siempre pueden estar todos de acuerdo y tienen que conocer estrategias de negociación para alcanzar una solución que les valga a todos.

Son habilidades que no se trabajan tanto en un contexto de educación formal en el colegio, aunque afortunadamente están empezando a cambiar las cosas. Son cosas muy importantes para estos niños de 8 años, pues no sabemos a qué se van a dedicar. Es posible que no exista todavía. Más que el conocimiento de ciertas fórmulas, nos importa más que adquiera esas habilidades que luego pueda emplear cuando sea mayor”.

Escuelab y las nuevas tecnologías

“Empleamos las nuevas tecnologías de manera muy puntual, por ejemplo para la búsqueda de información, porque seguimos el modelo del método científico sobre el que trabajan los investigadores en el laboratorio. El primer paso es identificar la pregunta a la que quieres responder y averiguar qué se sabe ya sobre ese tema. En diversas ocasiones dejamos que los niños accedan a la red para buscar información básica. Lo usamos más como medio que como fin. Como más aprendemos es experimentando, tocando de manera directa, lo que se está perdiendo un poco.

Lo bueno que tiene nuestra metodología es que puede realizarse casi en cualquier lugar. Trabajamos mucho en colegios o en instalaciones que alquilamos. Los únicos requisitos es que tenga mesas, sillas, a ser posible un proyector para poner un vídeo, que a los niños les engancha, y una fuente de agua o una cocina. Luego lo llenamos de materiales que son bastante cotidianos; intentamos que todo lo que hacemos pueda ser luego reproducido en casa si los niños quieren, porque esto también estimula que los niños sigan desarrollándose en su tiempo libre y que cambien también su manera de ver el mundo.

Ellos tienen la capacidad, desde unos materiales muy sencillos, de descubrir cosas. Son siempre unos materiales que ya a los adultos nos dan las ganas de mezclarlos: en un taller usamos huevos saltarines: contiene huevos, vinagre, limones y un exprimidor para hacer zumo. Son materiales que se pueden mezclar para ir explorando. Son entre 12 y 14 niños por grupo mezclando todo lo que quieren. Se estimula que los niños tomen la iniciativa y hagan lo que les apetezca, para resolver nuevos retos que les puedan surgir”.

STEM para niñas

“A mí la visita de Michelle Obama en 2016 para promocionar el STEM para las niñas en España me pareció muy importante. En educación superior, sobre todo en ciencias biomédicas, ves que hay muchas mujeres que llegan a hacer la carrera, llegan al máster, llegan al doctorado, y luego se van diluyendo, no llegan al puesto al que pueda aspirar un investigador.

Creo que mujeres y hombres aportamos capacidades diferentes, al mismo nivel pero con una visión distinta, y en el ámbito de la ciencia es tan importante ser creativo y el tener una visión global de un proyecto como el poder concentrarte en un determinado problema. Aportamos capacidades diferentes que ayudan a sobrellevar la investigación. Me parece muy importante que se promueva a todos los niveles y desde pequeñas. Al final, las vocaciones se crean antes de los 14 años. A los 14 años un niño ya tiene decidido por dónde va a tirar, y a los nueve tiene una idea inicial de qué puede ser de mayor.

A edades tempranas, tenemos una demanda bastante igual de niños y niñas. Cuando son un poquito más mayores se nota una demanda mayor de los niños. Ves que hay niñas muy motivadas y que les gusta mucho lo que hacen. De pequeños quieren más que nada jugar a hacer ciencia y pasárselo bien. No está el componente académico para nada presente. Cuando son un poquito más mayores, lo tienen más claro. Te dicen: “Yo quiero ser médico de mayor”, o “me gusta mucho la ciencia y por eso me he apuntado a este club de ciencias”.

A quién se dirige Escuelab

“Me he asociado con dos personas que vienen del ámbito de la empresa y tienen muy clara la parte de desarrollo de negocio. Solemos presentar el proyecto en grupo a los colegios. Ellos son de más edad que yo. Eso también es un prejuicio al que yo me tengo que enfrentar, aunque ya casi tengo 30 años. Cuando voy sola a las reuniones me tengo que “disfrazar” para que me tomen en serio. Pero bueno, la idea gusta mucho. Lo hemos presentado en colegios y en empresas. En la rama de conciliación del sector empresarial, queremos ofrecerlo también para días sin cole o vacaciones, con una oferta un poquito diferente, con un valor añadido más allá de las manualidades o las actividades para niños que suelen ser más comunes. Tiene muy buena acogida. Es cierto que a veces ya tienen muchas extraescolares, o ya tienen algo de robótica o de ciencia con alguna otra empresa, pero siempre gusta mucho la idea. Cada vez que lo contamos, vemos interés.

En todos los coles donde he hablado que están haciendo cosas nuevas, el equipo es básico; hay que lograr un equipo comprometido con ganas de cambiar las cosas de inicio. Esto es crucial para que este tipo de iniciativas transformadoras tengan éxito. Si el equipo no está predispuesto desde un principio, es muy difícil que salga adelante, porque es cierto que implica un esfuerzo adicional. Hay que salirse de lo que llevas haciendo X años. En esto, conozco casos en los que ha triunfado el enfoque del colegio usando interinos, que llegaban nuevos, con muchas ganas y estaban dispuestos a hacer el esfuerzo adicional. Tienen que estar abiertos a hacer las cosas de una manera diferente. Si tienes a un equipo desmotivado desde el principio, va a ser muy difícil superar esta barrera para poner las cosas en marcha.

La primera vez es cuando todo cuesta más: La primera clase, el primer trimestre, la primera evaluación, el primer curso de algo como esto es crucial. Necesitas esta motivación de base. Como profesor, puedes cambiar tus clases, puedes llegar a compartir conocimientos con otros profes, pero llegar a cambiar el colegio entero, es muy complicado. El equipo es fundamental. Debe tener una cierta predisposición al cambio. Siempre hay resquicios, siempre hay grietas por las que empezar a trabajar, pero a la hora de modificar un centro entero es muy complicado.

Lo que sí que funciona bien es poner en marcha pilotos en un ámbito más reducido. Por ejemplo, un profesor de matemáticas que quiera impartir clase de una manera diferente, se le permite hacerlo como quiera; le va a suponer un esfuerzo añadido, pero va viendo los beneficios y luego los va a compartir con los compañeros, lo que hará que surja más predisposición que si vienes de cero y les pides que hagan un cambio sostenido en todo el curso. De todas formas, te hablo desde fuera, porque nunca he trabajado en un centro educativo. En el Padre Piquer en Madrid, por ejemplo, hacen aulas cooperativas de integración con muchas nacionalidades distintas. A mí me tiene enamorada el modelo Amara Berri en el País Vasco; es un instituto público y de formación profesional”.

Qué obtiene el alumno de Escuelab

“Tenemos la política de que todos los materiales sean muy accesibles, para que los niños, esa libertad que tienen para experimentar en nuestras sesiones, se la lleven a casa. Algunas de las sesiones que hacemos tienen como resultado algo físico que se pueden llevar y tener en casa. Otras veces es la experiencia, que queda en un cuaderno de laboratorio, donde vamos apuntando todo lo que hacemos, para poder repetirlo en casa si quieren y para que vayan sistematizando el tomar nota de lo que han hecho y de los resultados obtenidos, que es luego muy aplicable de mayores.

Hemos tenido asistencia recurrente de niños que han ido por ejemplo a uno de los campamentos y luego se han apuntado a la extra escolar. Los alumnos son demasiado pequeños para tenerlos en redes sociales, pero a los papás sí los tenemos y es muy activo”.

El seguimiento

“Trabajamos con niños entre 7 y 14 años. Vamos haciendo un seguimiento del impacto. A corto plazo es sencillo, porque medimos aprendizaje y disfrute, porque sabemos a través de la neuroeducación que mezclar experiencias positivas con el aprendizaje permite marcar de manera positiva en este caso la ciencia y fomenta que se genere una vocación en ese ámbito.

A medio plazo, también intentamos medir, aunque es un poco más cualitativo, si estás adquiriendo nuevas habilidades. También buscamos casos de éxito. Estamos en contacto con los papás para que nos digan: “Desde que pasó por el campamento o por vuestra extra escolar, se ha presentado a delegado y es algo que no había hecho antes, porque ha cogido esta confianza”.

Por ejemplo, en 2016, Luisito, un niño que vino al campamento de verano en nuestra primera edición, que es de un pueblo de Ávila de 800 habitantes, en noviembre se puso delante de 400 personas en un auditorio en Caixa Forum, como parte de un programa de divulgación de la ciencia y los experimentos. Es un caso claro de un niño que ha salido de su zona de confort para contar algo que le gusta relacionado con la ciencia y con lo que ha aprendido en nuestro campamento.

A largo plazo mediremos vocaciones. Para eso aún tienen que llegar los niños a la universidad”.

Participación en concursos

“Hay más concursos de programación y robótica para niños, que es un tema que nosotros no tocamos y que es un mercado ya topado por empresas que lo hacen muy bien. En 2016, con Fundación Telefónica participamos en un concurso en el que los niños tenían que hacer uno de nuestros experimentos y el premio eran cinco plazas en nuestro campamento de verano. Ese tipo de eventos sí que intentamos moverlos, pero en concursos existentes hay poquita cosa; suele ser más en formato colegio.

Con la Fundación San Patricio, estamos en un piloto en el curso 2016-2017, Investiga Junior, para chavales de cuarto de la ESO y sexto de primaria, para introducirlos al mundo de la investigación mediante un experimento práctico más desarrollado. Hay un certamen y luego los niños presentan un trabajo. Como premio, acuden a un congreso científico en Madrid”.

Futuros pasos

“Ahora estamos consolidando las líneas que ya tenemos. En 2017 estamos entrando en más colegios, para lograr mayor número de alumnos y mayor número de plazas cubiertas en los campamentos con pernocta. A partir de aquí, queremos ir viendo la posibilidad de abrir en otra ciudad española. Hay candidatos en Andalucía, en Cataluña, donde hay más competencia, y en el País Vasco.

Los materiales están en español. Hay poquito material bueno relacionado con la ciencia en español. Tenemos otra línea de preparación de material para editoriales. Aquí sí que tenemos en mente dar el salto a Latino América a medio plazo.

Según van surgiendo las cosas hay que adaptarse e ir pivotando, pero nuestro sueño sería tener un cole donde esto se pudiese aplicar a todas las asignaturas, porque pensamos que puede ser extensible, y donde se aprendiera de otra manera. Es algo que cada vez demandan más los papás.

Nosotros seguimos el curriculum. Lo complementamos de una manera mucho más práctica. Sería intentar adaptarlo. Ya lo están haciendo algunos coles, que introducen cosas muy innovadoras. Al final, te ciñes al curriculum pero cambias la metodología de aprendizaje. Es más sencillo en primaria que en secundaria.

Si miras el BOE, incluye unas competencias, que pueden ser perfectamente asumidas por un niño que te está contando lo que ha hecho en un experimento resolviendo un reto. En la parte final de exposición ves si ha adquirido los conceptos que necesita; no tiene por qué ser el examen escrito de toda la vida. Además, a los niños les estresa mucho. Puede ser en un ambiente muy distendido para ver cómo le ha ido a los niños su investigación. Es una metodología basada en proyectos, basada en la investigación, que está poco a poco abriéndose hueco en las aulas. Requiere seguramente un esfuerzo adicional, porque tienes que asegurarte de que te ciñes a los requisitos”.

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